El cambio social, compromiso común

Por Santiago García Álvarez* Somos testigos de hechos preocupantes en el mundo y en nuestro país. Violencia, terrorismo, pobreza, injusticia y corrupción, por citar algunos. Continuamente escuchamos datos que confirman estos hechos, así como debates sobre lo que debe ...

Por Santiago García Álvarez*

Somos testigos de hechos preocupantes en el mundo y en nuestro país. Violencia, terrorismo, pobreza, injusticia y corrupción, por citar algunos. Continuamente escuchamos datos que confirman estos hechos, así como debates sobre lo que debe hacer el gobierno para solucionarlos.

En este contexto, surgen algunas preguntas: ¿Son suficientes las políticas públicas para solucionar estos problemas? ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para colaborar en las soluciones? ¿Es realmente viable un cambio, a través de la colaboración de la sociedad, o es utópico?

En distintas épocas de la historia de la humanidad, la sociedad ha reaccionado de formas diversas ante las problemáticas y retos presentes. El siglo pasado y el inicio del actual nos proporcionan varios ejemplos de cómo ha respondido la sociedad —y particularmente los jóvenes— ante situaciones complejas de su entorno.

En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, las inquietudes de tanta numerosas personas se canalizaron —de manera forzada en muchos casos— a través del compromiso y el patriotismo. En la década de los 60, mediante la crítica y la protesta. Más adelante, a través de la apatía y la indiferencia, particularmente en algunas sociedades desgastadas y

desilusionadas.

¿Cómo reaccionar hoy en día ante las problemáticas actuales? ¿Es realmente posible generar compromiso y confianza en la sociedad? Pienso que sí. Existen numerosos ejemplos de personas concretas y grupos convencidos que son factores de cambio positivo para su comunidad.

Un ejemplo son las aplicaciones tecnológicas para las rutas y el tráfico –como el caso de Waze-.  Desde el punto de vista técnico, estas herramientas son sobresalientes: detectan puntos de tránsito, marcan alternativas viables y pronostican el tiempo de traslado de un lugar a otro, solución especialmente útil en ciudades conflictivas como la Ciudad de México. Sin embargo, el verdadero milagro de estas plataformas no es el técnico, sino el social. Sus usuarios proporcionan información verdadera a la plataforma tecnológica y confían en que el resto de los usuarios lo hacen de la misma forma; en general, no se duda de los demás, sino que se confía en ellos. Entre todos creamos un sistema útil para la sociedad. Se genera un círculo virtuoso de confianza, donde todos colaboramos y nos ayudamos unos a otros. No es fácil imaginarse a alguien falseando la información en el sistema para molestar al resto, sino que la mayoría contribuye positivamente, aún en sociedades como la nuestra, en que reina la desconfianza.

Pienso que la sociedad actual necesita iniciativas de esta índole. No me refiero a aplicaciones electrónicas útiles, que por supuesto son convenientes. Sino, sobre todo, a proyectos comunes en beneficio de causas nobles; donde se generen redes de confianza y colaboración, que repercutan en el bien común. Movimientos como el ecológico han logrado la suma de voluntades para buscar soluciones a problemas como el cambio climático; muchos se han unido a estas causas, el fenómeno ha tomado fuerza y actualmente genera numerosas iniciativas para cuidar nuestro entorno. Lo mismo ha ocurrido en el caso de proyectos en beneficio de la educación, los derechos humanos, el deporte, los proyectos de ayuda a los más necesitados, y muchos otros, donde la sociedad civil se ha organizado para generar iniciativas exitosas que han influido en la sociedad y, sobre todo, en la agenda política de los países, en una especie de movimiento ascendente.

En una época de tantos cambios, de noticias muchas veces negativas, es importante entender que:

1) La responsabilidad de mejorar el entorno no es exclusiva del gobierno y las empresas; la sociedad civil tiene un rol cada vez más relevante.

2) La crítica es importante y necesaria, pero no suficiente. La apatía no es un camino que construya; es preciso canalizar nuestras inquietudes en proyectos concretos de compromiso por la sociedad.

3) Hay numerosos ejemplos en la sociedad, en los cuales se han generado círculos virtuosos y existen redes de confianza trabajando por el bien común. Estas iniciativas tienen ya resultados probados y son casos de éxito, que han logrado aliviar problemas sociales. Es necesario multiplicar este tipo de iniciativas.

En la actualidad, estoy convencido que el mayor motor de cambio está en la sociedad civil.

Es importante el involucramiento de muchas personas, a través de una crítica sana que lejos de destruir, construya, pero sobre todo a través de la participación activa en iniciativas que sumen esfuerzos y busquen el bien común, ya sea creando nuevos proyectos o incorporándose a algunos ya establecidos. Los casos de éxito hacen ver que esto es posible y que no es sólo un buen deseo. Como en el fenómeno Waze, es posible unir voluntades y generar confianza en la sociedad a través de estrategias inteligentes. Son tan variados los retos y problemáticas del mundo actual, que es preciso multiplicar estas iniciativas y generar una cultura innovadora, creativa, propositiva, que busque el bien común y minimice los problemas sociales. El cambio social es responsabilidad de todos, un compromiso común.

*Rector del campus México de la Universidad Panamericana.

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