Relaciones públicas como principio de política exterior
Migración y cooperación para el desarrollo deben recuperar su papel protagónico. El migratorio no es sólo un “asunto interno” de la política de EU.
por Gabriela Cuevas Barrón*
En el marco de la glosa del 2° Informe de Gobierno, el día de hoy comparecerá ante el Senado de la República el secretario de Relaciones Exteriores. Ello representa una ocasión inigualable para expresar algunos comentarios al respecto de la actual política exterior de México.
La política exterior de la presente administración está cargada de imágenes, pero carece de contenidos. Ahí está como ejemplo el apartado correspondiente en el 2° Informe de Gobierno: capítulo breve y sin sustancia.
Desde la perspectiva ciudadana, y de acuerdo con el estudio México, las Américas y el Mundo. 2012–2013, elaborado por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), la actual política exterior poco tiene que ver con sus intereses.
Sería absurdo pensar que se puede dar cauce a todas las inquietudes de los mexicanos en materia de política exterior; sin embargo, sí se esperaría que al menos fuera un instrumento para lograr una participación más activa de México en su discusión global. Y esto, el día de hoy, no es así.
“Más México en el mundo y más mundo en México” fue el mandato que motivó la pasada administración, y por el cual nuestro país organizó y participó activamente en foros internacionales como la COP16, el G20, el Grupo de Río y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En ellos se construyeron consensos para combatir el cambio climático, superar la crisis internacional y fortalecer la arquitectura financiera a escala mundial.
Se impulsó la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y se promovieron relaciones económicas como la Alianza del Pacífico; se concluyeron las negociaciones para alcanzar un Tratado de Libre Comercio único con Centroamérica y se apoyó el Proyecto Mesoamérica. Además, México se incorporó de manera formal a la negociación del TPP, instrumento con el que se espera detonar el potencial económico de la región Asia-Pacífico.
Sin embargo, el buen paso al que se venía moviendo la política exterior parece haber perdido fuerza en la presente administración. Más que fuerza, dirección.
¿Dónde está la apuesta comercial y económica de México? El destino principal de nuestras exportaciones sigue siendo Estados Unidos con 79%, mientras que América Latina representa sólo 5.4 por ciento.
No es poco lo que la Secretaría de Relaciones Exteriores puede hacer en esa materia, pues está en su mandato legal “diseñar, dirigir, coordinar e instrumentar”, en coordinación con otras dependencias, claro, “las estrategias y actividades que en materia de atracción de inversión extranjera directa, promoción económica, comercial y turística realicen la red de embajadas, consulados y oficinas de México en el exterior”.
Para muestra está África, considerado por muchos como el continente del futuro. El segundo más poblado del planeta, con una clase media joven y en crecimiento, que para el 2050 podría alcanzar los mil 800 millones de habitantes. Si ese no es un buen mercado, entonces ninguno lo es.
Hacia allá valdría la pena enfilar las prioridades de la política exterior de México, empezando por duplicar el número de embajadas que tenemos ahí y abrir consulados honorarios encabezados por empresarios o promotores culturales que, de la mano de ProMéxico, detonen los intercambios económicos y culturales entre nuestros pueblos.
Pero esta tarea de diversificación económica poca trascendencia tendrá a largo plazo si no se redefinen otras prioridades en materia de política exterior, empezando por mejorar nuestra imagen fronteras afuera, pero no a través de discursos. La realidad está más allá de las pautas publicitarias y las oficinas de pasaportes. Hoy, gracias a las redes sociales y a los medios de comunicación, el mundo sabe de los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa y de los “ejecutados” de Tlatlaya.
La política exterior debe ayudar a dar contexto a lo que sucede en México y evitar percepciones distorsionadas en otros países. Lo que no puede hacer es vender mentiras. México tiene argumentos suficientes para justificar no un Mexican Moment, sino un México para quedarse.
Por otro lado, temas como la migración y la cooperación para el desarrollo deben recuperar su papel protagónico. El migratorio no es sólo un “asunto interno” de la política estadunidense, son nuestros migrantes y es nuestro territorio por el que pasan miles y miles de migrantes de otros países. ¿Dónde están las acciones de nuestro gobierno al respecto? Al parecer, detrás de las enérgicas condenas no hay más.
Por último, es urgente una mejor comunicación de quienes ejecutan la política exterior de este gobierno con la ciudadanía y con el Congreso, particularmente el Senado. De acuerdo con el estudio del CIDE mencionado líneas arriba, la mitad de los encuestados supo el significado de las siglas de la ONU y de la FIFA, pero menos de la quinta parte identificó las de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Sólo 5% dijo conocer el nombre del titular de esta dependencia.
En el caso del Congreso, un botón de muestra: más de dos años han pasado desde que el senador Manuel Bartlett solicitó una lista sobre los acuerdos, convenios y tratados internacionales en los que el gobierno de México estaba trabajando, incluso aquellos que requerían de la aprobación de esa Cámara. No hubo respuesta. Un año más tarde, se aprobó un punto de acuerdo para hacer el mismo exhorto a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Hoy seguimos esperando la respuesta.
Sin duda, la política exterior contemporánea enfrenta numerosos desafíos, y estoy convencida de que nuestro país tiene todo para responder a ellos. Sin embargo, también tengo la certeza de que no será a través de una campaña de relaciones públicas, sino de una política exterior de contenidos.
*Senadora del PAN
