Los placeres cotidianos

En ningún otro país se consume chamoy como aqui: esa alegría chisporroteante en la lengua.

¡La República del chamoy!

Parece manda. Cada día somos más bananeros, estoy esperando que nuestro gobierno tome cartas en el asunto y le dé una puesta a punto a la Selección de Futbol. Ya basta de hacer el ridículo y que Uruguay y Brasil nos azoten. Si es así en los amistosos, no quiero ni pensar lo que va a ser cuando vengan los de la copa, nos pondrán unas mandarinas supremas. Sugiero una consulta popular para elegir al cuerpo técnico y a los jugadores. El pueblo es sabio y sabe sobre el sistema judicial y puede dar una cátedra sobre los herederos del Pichojos y del Guamerú García. Aquí le hacemos a todo. Tenemos conocimiento y potestad para cancelar la inversión de una cervecera, para matar un proyecto de primer mundo en el ya casi olvidado aeropuerto en Texcoco y, con la venia del respetable, hacer la perogrullada de Santa Lucía. Es que somos únicos.

Se viene la reforma al sistema de justicia, no sé muy bien qué es eso, pinta que le van a quitar alegrías a la Suprema Corte y que tendremos que aprender mucho de leyes para poder votar bien informados de la capacidad de cada juez. Menudo lío y uno que apenas se defiende opinando sobre el Cruz Azul. Pobre ministra Piña, que piñazo le espera. En realidad, pobre país, que no salimos de ser la barata república del chamoy, todo son remiendos, todo son mediocridades. Si de verdad se tratara de mejorar el sistema judicial, habría que meterle más billete que a un Tren Maya; renovar y reformar los juzgados, poner decentes los locales y los sistemas; contratar a miles de personas capacitadas. Nada más para darnos un requiebre, basta considerar esto: en los países no tan chafas tienen entre veinte y veinticinco jueces por cada 100 mil habitantes, en nuestro México querido apenas llegamos a cinco. ¡Ay, nanita!, Dios guarde la hora, ojalá y la doctora Sheinbaum venga con ganas de entrarle duro a ese hueso, ahí tiene mucha chamba.

Hoy no iba a hablar de política, pero me pico y nadie me detiene. Les quería contar del chamoy. Ustedes dirán, qué le pasa a éste con ese tema, pues es muy sencillo, en ningún otro país se consume chamoy como aquí. Ese toque picosito y dulce, esa alegría chisporroteante en la lengua que permite sorrajarse para dentro un helado de mango y acidular su dulzura con el mágico toque del chabacano y el chilito saladito y enlimonado. ¡Viva México, cabrones! El domingo, después de la comida del Día del Padre, con mis nietos, mi hija y mi nuera, con mi novia, mi sobrino, que acabó siendo otro hijo y hasta un cacho de la cuenta le vino a tocar por metiche; con mi hijo y mi yerno, que ya también son padres, me refiero a los tres; pues bien, yo, que ya tengo una edad, salí huyendo para no empezar crudo el lunes y la Unagi me llevó a refugiarme en la extravagante sincronía de una nieve de mango con chamoy. Bendita sea La Michoacana.

Luego nos chutamos en Netflix tres capítulos de Seven Seconds. Vale la pena, está muy bien hecha, espectacularmente actuada, llena de premios y reconocimientos; para mí, una novedad que no tenía registrada en mis antenas de chismoso. La trama defiende con honores el género policiaco, clásica y fácil de ver, los malos son muy malos y los buenos también tienen sus cositas feas. Véanla, la van a disfrutar.

Después, con esa recomendación de no pasar de la tele al sueño de manera directa, hice una escala en mi novela y, si bien no empecé la semana crudo, sí que lo hice desvelado, apagué la luz a las tres de la mañana y me metí en la cama contento, agradecido de un día precioso rodeado de los que más quiero y con la desfachatada sospecha de que también son los que más me quieren. Bonito jueves, hoy no leeré de política, me tomaré el día libre de amarguras y sinsentidos y me iré en la noche a caminar con la Unagi. Me tocan diez kilómetros, es un buen reto y una terapia para dormir como dios.

Temas: