De política y cosas más sucias

¡Nel blu dipinto di blu!Siempre he tenido el corazón rojillo, socialdemócrata desde jovencito, izquierdoso moderado; más de centro y alejado de los polos. Lejos, muy lejos de los zurdos de mierda que dice Milei, pero a mucha distancia también de la ultraderecha más ...

¡Nel blu dipinto di blu!

Siempre he tenido el corazón rojillo, socialdemócrata desde jovencito, izquierdoso moderado; más de centro y alejado de los polos. Lejos, muy lejos de los zurdos de mierda que dice Milei, pero a mucha distancia también de la ultraderecha más ruda, ni Yunques ni Vox. Hoy, a esta edad en la que ya debería de dedicar mis mañanas a alimentar palomas en el parque o pasear a mis nietos por los museos. Ahora, cuando tendría lógica mantener una actitud de recogimiento y leer en mi sofá, bien arropado a golpecitos suaves de oporto vintage y galletitas de vainilla, pues justo ahora, como Europa completa, me pinto de azul, tal cual reza la famosísima canción Volare. A mí también me entró un alarde de juventud infusionada con la fuerza de mi novia, me rebelo a la quietud y me muevo mucho más y no contento sólo con eso, por primera vez en mi vida descompenso el fiel de mi balanza y me arrimo un poquito a la derecha. “Fachosférico" me gritaría el malvado Sánchez, populista de la Moncloa. “Derechoso, fifí", y otros improperios vendrían de Palacio Nacional aquí en el Zócalo. Pues no, pero sí, veo con el interés de un científico ante el microscopio, cómo Europa vira a la derecha. Los rojos sólo están de moda en Latinoamérica, afortunadamente no en toda: se salvan Uruguay, Paraguay, El Salvador, Ecuador y algún otro, se salva un poquito Brasil, donde Bolsonaro dejó muchas fuerzas que Lula aún no ha podido sacudirse, no sé si se salve Argentina, efectivamente ya no es de izquierda, pero tampoco me atrevería a considerar a un libertario como el que tienen un prototipo de derechas.

Los europeos fueron a las urnas el domingo y mandaron señales muy claras: quieren menos izquierda radical, menos tolerancia a la inmigración ilegal, más apoyo a sus emprendedores en el campo y en los pueblos; también piden más centro y más europeísmo. Lamentablemente cobraron fuerza algunos populistas de derecha que tampoco son como para andar presumiendo. ¿Y aquí? Aquí somos diferentes, el mundo civilizado gira a la derecha y nosotros nos aferramos al pensamiento anacrónico. Debo decir, en honor a la verdad mexicana, que Morena tampoco es de izquierdas del todo, es una especie de bodrio en coctelera donde aplican de la izquierda el populismo de la dádiva y luego cenan con el empresariado para mantener los privilegios en la cumbre. Una nueva clase social emerge cuando ya son muchos los ricos del régimen. Los neopriistas, los morenistas de Las Lomas. Tanto revolcón para enfangarnos en el mismo lodo, ¡es qué de veras! Qué originales somos. Si abres un mapamundi y dedicas un minutito a estudiar dónde se vive bien, quienes progresan y mejoran su nivel de vida en seguridad, en educación, en salud; dónde tienen la mayor esperanza de vida, dónde atienden mejor a sus niños y a sus viejos, pum, plaf, cata plof… se nos cae el teatrito, no se necesita el cerebro de un genio, se ve a primera vista: todos, sin excepción viven alejados del comunismo, del socialismo rancio y de la izquierda populista y perniciosa, ya de la bolivariana ni saben ni quieren saber. No puede ser casualidad. Mírenlo al revés y díganme en cuál de los países de izquierdas les gustaría vivir. Pregunten en Corea del Norte o en Cuba. Cuando cayó el muro de Berlín, nadie corrió hacia el oriente.

Es miércoles, hoy, por salud mental y por regodeo de placeres menos elevados, huyo de la intelectualidad almidonada de mi máster de literatura, guardo a Borges, a Paz y a Lezama, escondo a Joyce, a Unamuno y a Yates, cubro con un mantelito a Wolf, a Garro y a Duras y me refugio en la naturalidad un poco de andar por casa de novelas sin tanto postín, pero muy entretenidas y bien escritas; me regalé una trilogía de César Pérez Gellida, un vallisoletano que borda el género policiaco. Memento Mori, Dies irae y Consummatum est son tres bocanadas de gozo, llenas de aire turbio y psicópata, acomodadas a un perfecto rigor criminalístico. Te atrapan, te seducen, son de una actualidad rabiosa, no se puede pedir más. Se agradece la frescura y la originalidad. La maravilla añadida es que este escritor es una máquina y se chuta una o dos novelas por año, empecé en 2013, llevo tres, por lo que le debo unas diez o 12 que me leeré este verano. Disfrutemos, lo único a la derecha que nos queda en México es el baño… Al fondo a la derecha. Bonito día.

Temas: