Como la vida misma
¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA! No, no hablo de la canción de Los Beatles. La noche del domingo estuvo rara. Después de un día de emociones e ilusiones, de haber ido a votar y creernos que las señales nos favorecían, nos fuimos a comer exultantes de alegría cívica y ...
¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA!
No, no hablo de la canción de Los Beatles. La noche del domingo estuvo rara. Después de un día de emociones e ilusiones, de haber ido a votar y creernos que las señales nos favorecían, nos fuimos a comer exultantes de alegría cívica y entusiasmo mexicanista. Tanta dicha, que olvidé el coraje de haber visto ganar al Madrid.
Ya en casa aparecieron las complicaciones, se estropeó el calentador y tuve que bañarme con agua fría. Así empezó mi noche triste. Cada noticia iba siendo peor que la anterior, los chistes de los cómicos me parecían sosos, el ceño fruncido de mis periodistas de confianza me confirmaba la debacle. Todos enfrentaban una sorpresa mayúscula. Luego empecé a darle vueltas, a crear mi propia narrativa. Con mis chats de familia y amigos humeantes de estupefacción, la Unagi a mi lado visiblemente decepcionada, me clavé en la tragedia.
Yo pensaba que había votado por la menos mala de las opciones, tenía que enfrentarme a la pesadilla de que nuestra némesis política nos dio la paliza del siglo. Buscando en lo escondido de los datos, urgido de encontrar respuestas lógicas, vi una luz de consuelo cuando me sumergí de un chapuzón en un laguito obligado de humildad. Aun así, me desconcierta ver cómo los mexicanos nos sometimos como corderitos y entregamos la libertad sin un grito, sin una salida de tono. Todos aceptan la derrota y nadie se hace preguntas… Qué cosa más extraña.
Treinta y tantos millones de connacionales no pueden ser tan inocentes, algo ven ellos en este régimen que no he sabido entender. Los respeto, pero no creí que fueran tantos. Desde mi cómodo sofá se mira la vida muy distinta al panorama que enfrenta un mazateco desde su hamaca en La Cañada, allá en su Oaxaca natal. Los dos mil pesos que recibe y que le han hecho creer que se los manda personalmente el Presidente significan para él mucho más que el dinero, que también ayuda porque la cosa está jodida; ahora se siente escuchado y eso lo hace notarse con una importancia que
no había tenido nunca.
Los partidos de oposición le deben mucho a la gente, este Frankenstein de socios de ideologías variadas no se lo traga nadie, este amasijo de líderes frustrados y en franca rebatinga por las migajas de poder, los desdibuja y condena a la desaparición; nunca supieron leer la realidad.
Asistimos a la descomposición opositora hundida en su mediocridad. La opción que ganó no me encanta, pero juega mejor sus cartas que los derrotados. Son muchísimo más listos. Sueño que venga la Marea Rosa a volver a ilusionarnos. Ojalá.
En aras de mi salud emocional, me tomaré una tila. Hay que esperar, ver cómo se van dando las cosas y estar atento; tendrá que haber impugnaciones, reclamaciones formales después de una elección tan dispareja.
La justicia actuará y se acomodarán las cosas. Con todo y el reconocido triunfo de Morena se tendrá que trabajar en lograr que no nos lleven a la dictadura. Me niego a aceptar que un pueblo inteligente camine voluntariamente hacia el autoritarismo y la desaparición de las libertades.
Me refugiaré en los libros; leeré más y les recomendaré lo bueno; hablaré de cine y de series; de la vida y de los placeres de todos los días; de ópera y de teatro.
Les contaré del amor, de la poesía y las cosas bellas. Crearé debates sobre la manera de ver un atardecer o un paseo junto al mar o bajo la luz de la luna.
Atenderé con tesón a mi trabajo de publicitario, me dedicaré a escribir mi novela, a estudiar. Le daré tiempo de calidad a mi familia, a mis hijos y a mis nietos, hermanos y amigos, obvio a mi Unagi del alma.
Subiré la intensidad y aumentaré reuniones y convivios, todo con la más egoísta de las razones: comerme a puñados lo que me quede de vida y pelear cada mañana para ser más feliz.
En otro honesto arrebato de humildad, estoy obligado a felicitar a todos los ganadores de este fin de semana, y más, si se comprueba que ganaron bien.
¡Felicidades!
