Como la vida misma / 17 de julio de 2024
Este cuento es pura ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.¡ESTE ATENTADO ES UN CUENTO! En el despacho ovalado, Ronald J. Trompo, engreído magnate inmobiliario devenido en presidente, estaba inquieto. Su popularidad había caído en picada y, ...
- Este cuento es pura ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
¡ESTE ATENTADO ES UN CUENTO!
En el despacho ovalado, Ronald J. Trompo, engreído magnate inmobiliario devenido en presidente, estaba inquieto. Su popularidad había caído en picada y, aunque su rival estaba majareta y se le iba el pájaro a las Montañas Rocallosas, no lograba repuntar; la presidencia se le escapaba de las manos. Las encuestas eran más frías que una noche en Siberia. Decidió que era momento de un golpe maestro, algo que le devolviera el protagonismo y, de paso, le permitiera pasar a la historia como la víctima más heroica de todos los tiempos.
Llamó a su equipo de confianza, conformado por el General Manipulator y el Agente Charlatán. Juntos, urdieron un plan tan brillante como absurdo: un autoatentado. La idea era simple: simular un intento de asesinato para despertar la compasión del pueblo y resurgir como el gran líder que todos necesitaban. La escena fue preparada meticulosamente. Se eligió una caravana en una carretera solitaria. Trompo iría en su limusina blindada, seguido por un equipo de seguridad. En el momento exacto, el Agente Ch., disfrazado de “terrorista de élite”, haría explotar un petardo especialmente diseñado para parecer una amenaza mortal.
Luego lo pensaron mejor y les resultó más creíble poner a un chiquillo de veinte años armado con un rifle especial que, de un disparo certero, le volara la oreja derecha. Había riesgo, sí. Pero quizá si, en vez de dispararle a él, sólo mataba a tres o cuatro asistentes, Trompo podía llevarse la mano a la bataca y con un minúsculo cutter hacerse un tajo y llenarse de sangre. La sangre emociona, incita y hace al pueblo salir a votar.
Las noticias no tardaron en circular. Los medios cubrieron el evento como si fuera el fin del mundo. Trompo apareció en televisión con un vendaje ridículo en la cabeza, declarando, con lágrimas falsas: “Han intentado silenciarme, pero no podrán. ¡América debe ser fuerte!”. Esta vez la haré más grande que la anterior.
Las redes sociales explotaron con teorías de conspiración, memes y mensajes de apoyo. Trompo estaba encantado, hasta que un detalle pequeño, pero crucial, salió a la luz. El Agente Charlatán, en su entusiasmo, había olvidado apagar una cámara de seguridad que grabó todo el montaje. El video se filtró y, en cuestión de horas, el gran autoatentado quedó al descubierto. El escándalo fue monumental. Trompo intentó defenderse diciendo que todo era un “ejercicio de seguridad” y que los medios lo habían malinterpretado. Pero el daño estaba hecho. La ironía de la situación no pasó desapercibida y la población, aunque dividida, no pudo evitar reírse de la desastrosa maniobra.
Al final, Trompo no sólo se convirtió en un meme viviente, sino que su intento de manipulación quedó registrado como uno de los episodios más absurdos de la historia política. Y mientras los libros de historia se llenaban de anécdotas sobre el gran autoatentado del siglo, Trompo aprendió una valiosa lección: a veces, la verdad es más extraña y divertida que la ficción. Lo malo es que nosotros debemos aprender una lección aún más absurda: Trompo arrasó en la elección y ganó la presidencia. El pueblo no entiende o no quiere entender. Pareciera que disfruta siendo engañado; cuanto más miente el populista, más lo quieren sus fans.
Este cuento es pura ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, y cualquier referencia a personajes reales es completamente intencional... digo, accidental. La imaginación puede ser un lugar muy peculiar y, en ella, todo es posible.
Es miércoles, sigo enganchado en leer por placer, una forma de rebeldía contra lo dura que fue la maestría. Estoy encantado con Lejos de Luisiana, de Luz Gabás. No suelen gustarme los premios Planeta, pero éste es la excepción. Es de 2022 y es una chulada. Feliz miércoles.
