Como la vida misma / 16 de junio de 2024
No tuve pantalones de jugar al “te lo dije”, me parecía muy agresivo de mi parte hacer leña del árbol caído.
¡PÉGAME, PERO NO ME DEJES!
Hace algunos años, una cercanísima amiga de mi familia me confesó abiertamente que su marido le pegaba. Salí al momento para ir a verla y hablé con ella, le ofrecí todo nuestro apoyo, le dije que se fuera de casa antes de que el energúmeno volviera, que veríamos a un abogado, hasta le ofrecí dinero que juró no necesitar. Estuvo de acuerdo conmigo y me prometió que se iría a casa de sus padres esa misma noche. Al día siguiente al ver que no se había ido, la llamé y cuando le pregunté si su esposo había regresado, en la confianza de la conversación del día anterior le pregunté: “Qué pasó, Tina, ¿regresó el animal ése? Válgame la luna, se puso como loca y me gritó: “Ese animal es el padre de mis hijos, por favor no te atrevas a volver a ofenderlo”. Me quedé de piedra, apenas un día antes era un salvaje que la golpeaba con saña y al día siguiente ya era el amoroso padre de sus criaturas. Tres o cuatro veces más tuve contacto con ella y con su problema, en ninguna de ellas tuvieron éxito mis recomendaciones, hasta que un día, su hijo mayor la encontró desmayada en el baño de su casa y la llevó al hospital con múltiples traumatismos. El animal aquel se fue del país y como el amante de la Martina, ni por la silla volvió. No tuve pantalones de jugar al “te lo dije”, me parecía muy agresivo de mi parte hacer leña del árbol caído. Ayer, en otro orden de cosas, tuve un sentimiento parecido y me vi obligado a regañarme y hacer un ejercicio de autocrítica para refrenar mis instintos. Les cuento: venía en el coche cuando escuché en la radio la tragedia que se vive en Chiapas con miles de personas que tuvieron que huir de sus casas para guarecerse del crimen organizado, sus hijos no van a la escuela, les piden derecho de piso y están en circunstancias atroces. Mi primera reacción fue miserable, pues pensé: “Votaron por Morena, estarán tranquilos, eso les pide el cuerpo, tienen lo que merecen”. No tengo madre.
No me cabe duda de que tengo otra visión de las cosas, no me gusta este gobierno y todo apunta a que no me gustará el que sigue, pero los que votaron por ellos, los que encumbraron a Claudia tienen el mismo derecho que yo en haber votado por Xóchitl. Casi 36 millones de paisanos los colocan al nivel de la falta de control y nos obligan a rezarle a san Timoteo, para que no les dé por hacernos un Maduro aquí, porque por poder, pueden. No sé qué le vieron al sexenio de López Obrador para premiarlo con esa cantidad de votos, supongo, no puedo evitar ser irónico, que se sienten seguros, que confían en que bajó la delincuencia, mejoró el sistema de salud, acabó con la corrupción, y estamos más cerca de Dinamarca que de Bolivia, aunque el rencor lo lleve a querer vengarse, como colofón de salida, de la ministra Piña. No me queda más que entender que, como en el caso de mi amiga Tina, ellos no lo ven así, y salvando las distancias, es como el padre de sus hijos. Calla Miguel.
Mucho se ha escrito sobre el síndrome de la mujer maltratada, es multifacética la razón de su actitud, aguantan por miedo, por dependencia económica, hasta dependencia emocional, psicológica, aislamiento y la más común, esperanza de cambio. Así está el país, todos queremos creer que México estará mejor. Es cierto que poner una cruz sobre el emblema del PRI en la boleta implica una capacidad de perdón y una confianza poco respaldada en el cambio. ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?
Este año he ido poco al teatro, vi Gorila, es una chulada, un ejercicio que invita a pensar y a debatir, al salir del teatro nos enzarzamos en una charla muy acalorada. Vayan, vale la pena. Y para no dejar de insistir en los libros de César Pérez Gellida, hasta ahora me han gustado todos. Hoy comeré con mis hijos. Feliz día a todos los papás, especialmente a los que no andan madreando ni a sus hijos ni a sus esposas.
