El USS Nimitz y el fantasma de la intervención militar

La llegada a costas mexicanas del portaaviones USS Nimitz, junto con buques de la Cuarta Flota de la Marina de EU, así como la incursión de marines en Nogales, Sonora, ocurrida hace unos días, generaron cierto nerviosismo entre la población, incluso, en la clase política. Esto reavivó recuerdos de escenarios vividos en Venezuela, durante el gobierno de Nicolás Maduro y, más recientemente, en Cuba.

Si bien esta percepción es comprensible, en realidad no corresponde a un escenario de invasión militar. Aunque Donald Trump ha amagado en diversas ocasiones con atacar a los cárteles mexicanos —a los que ha calificado como organizaciones terroristas—, la presencia del USS Nimitz responde a un acuerdo binacional en el marco del ejercicio Southern Seas 2026, alineado con una lógica de proyección naval, disuasión y cooperación, no con la preparación de ataques directos en territorio de México. 

Un portaaviones es una plataforma de poder estratégico diseñada para escenarios interestatales o de alta intensidad; por lo que emplearlo contra objetivos como laboratorios clandestinos o puestos de control del narcotráfico —dispersos, móviles y de bajo perfil— sería desproporcionado, ineficiente y políticamente inviable sin la autorización expresa del Estado mexicano. Tanto el gobierno mexicano como el embajador Ronald Johnson han señalado que la presencia del portaaviones refleja una “asociación moderna y dinámica” entre ambos países, basada en la confianza, la cooperación y un compromiso compartido con la seguridad frente a amenazas comunes como el narcotráfico, el tráfico de armas y la trata de personas.

En cuanto al ingreso de marines de EU en Nogales, que generó tensión con el Ejército y la GN, la embajada explicó que se trató de un error operativo en el contexto de acciones para reforzar el cerco internacional. Más allá de estos episodios, existe una cooperación institucional cada vez más amplia y documentada. De acuerdo con información oficial, entre 2025 y lo que va del presente año, al menos 141 elementos del gobierno estadunidense, la mayoría militares y marinos, ingresaron al país para participar en tareas de adiestramiento, cooperación técnica y coordinación en materia de seguridad con la Defensa Nacional y la Marina

* A petición de la defensa del vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna, implicado en el fraude del huachicol, la FGR reabrirá el caso. En esta trama están señalados el exsecretario de Marina, sus dos sobrinos políticos y mandos de la Marina, cuatro directores de aduanas, funcionarios, legisladores y empresas que, durante el gobierno de López Obrador, habrían operado, con pleno conocimiento del expresidente. Veremos hasta dónde la FGR es capaz de llegar. 

* A más de un mes del operativo del Ejército que culminó con el abatimiento de Nemesio Oseguera, El Mencho, se sigue hablando de su éxito, el cual radicó en la discreción. Se dice que los detalles fueron conocidos únicamente por el secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla, su grupo de élite y la Fuerza de Tarea Conjunta Interinstitucional Anticárteles, creada por el Comando Norte de EU.

* El CJNG fue declarado “organización terrorista” por el gobierno de Argentina, en línea con la política dictada por Trump. Con ello, comenzaría a tomar forma el nuevo cerco hemisférico llamado Escudo de las Américas, que articula a gobiernos afines, bajo una lógica de seguridad más agresiva, de la cual México ha quedado al margen, y para hacerlo más interesante, el Departamento de Justicia de EU activó la persecución en contra de quienes colaboran con los cárteles mexicanos. Bajo el cargo de terrorismo, Laurence Gray, un comerciante de armas en Arizona, fue acusado de suministrar armamento al CJNG y con ello mandó una señal a más de un político y funcionario mexicano.

DE IMAGINARIA

La Marina asestó un golpe relevante al crimen organizado al decomisar 314 litros de tolueno durante un operativo en Topolobampo, Sinaloa. Sin embargo, más allá del éxito operativo, el hallazgo encendió alertas dentro del propio instituto armado y del Ejército, ya que el tolueno no sólo se utiliza como aditivo en combustibles, sino que es un precursor clave en la fabricación de explosivos como TNT, y es empleado en proyectiles, granadas y armamento militar. El decomiso, más que un logro aislado, revela el nivel de sofisticación y riesgo en las cadenas de suministro del crimen organizado.