Sin sorpresa, la renuncia de Encinas
La salida del subsecretario era necesaria.
La renuncia de Alejandro Encinas como subsecretario de Derechos Humanos de la Segob y como presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del caso Ayotzinapa, no causó ninguna sorpresa, quizá únicamente porque fue para incorporarse a la campaña de Claudia Sheinbaum.
Su renuncia, como anticipé en este espacio que ocurriría, llega justo cuando la investigación está más que enmarañada y no tiene pies ni cabeza. Si bien Encinas no ha sido el único responsable, sí influyó de forma determinante para que, bajo el argumento de una presunta violación de garantías individuales y tortura, la FGR dejara en libertad a 50 de los acusados confesos del grupo criminal Guerreros Unidos y en su lugar se encarcelara al exprocurador Jesús Murillo Karam y a ocho militares.
Según las investigaciones de Encinas, el Ejército habría tenido una relación directa con los acontecimientos de la noche trágica de Iguala, aunque todos sabemos de su animadversión hacia los militares, por esta razón justificó las órdenes de aprehensión contra ellos.
La salida del subsecretario era más que necesaria, lo incomprensible es el hecho de que Sheinbaum lo incorpore a su equipo de campaña dada la incapacidad mostrada. Los mismos padres de los normalistas desaparecidos han externado su inconformidad con la Comisión de la Verdad, ya que no ha resuelto el caso e incluso existe un distanciamiento con el presidente López Obrador luego de exculpar al Ejército, porque no tuvo ninguna relación con el secuestro y desaparición de los normalistas.
Encinas, irresponsable y campantemente, abandona un caso que era crucial y de alta importancia para el Presidente y deja su lugar como nuevo subsecretario a Félix Arturo Medina Padilla, exprocurador fiscal de la Federación quien, por encargo del Presidente, continuará con las investigaciones del caso.
Con la llegada de Medina Padilla se abre una nueva etapa en la investigación. Su primer reto será trabajar con el Ejército sin confrontarlo y apoyarse también con otros actores, lo que será clave para avanzar en un caso que cuenta ya con dos versiones históricas idénticas, aunque con ideologías distintas.
Han pasado nueve años desde aquel trágico 26 de septiembre de 2014, y las cosas siguen igual o peor que antes. Es tiempo que el Presidente recapacite y entienda que resolver un caso tan complejo como el de Ayotzinapa requiere no sólo la capacidad individual del subsecretario, sino también de un equipo competente, recursos adecuados y cooperación interinstitucional.
Sería tiempo, quizá, de poner en práctica la justicia restaurativa, e indemnizar y reparar el daño causado no sólo a las víctimas y sus familias, también a los militares acusados y enjuiciados injustamente, en lugar de centrarse sólo en castigar a los culpables.
En última instancia, la clave para resolver el caso será la transparencia, la cooperación interinstitucional y un compromiso inquebrantable con la justicia. Esto incluye trabajar estrechamente con el Ejército, la FGR y otras instituciones para obtener toda la información relevante.
El tema de los normalistas, al tornarse complejo y sensible, difícilmente se resolverá en la administración de López Obrador y sabe el Presidente que, de no lograrlo, heredará a Sheinbaum una papa caliente que políticamente tampoco es conveniente para la Cuarta Transformación. El caso de los 43 estudiantes puede influir en los resultados electorales de 2024, tal y como ocurrió en 2018.
Por lo que toca a Xóchitl Gálvez, de obtener el triunfo tendría que asumir la responsabilidad y reiniciar de nueva cuenta la investigación. Sin embargo, su enfoque y estrategia podrían diferir basándose en su plataforma política y en su visión para el país.
DE IMAGINARIA
El Ejército mexicano y la GN propinaron un fuerte y espectacular golpe al narcotráfico. En Estación Rosales, en Culiacán, Sinaloa, interceptaron dos locomotoras de Ferrocarriles Nacionales con 30 vagones repletos de maíz que ocultaban cientos de kilos de mariguana.
