Hazaña diplomática
• Lo cierto es que ha sido un gran día para el Gral. Cresencio y para todo el Ejército mexicano.
Tal como lo mencioné en mis columnas anteriores, lo ocurrido al Gral. Salvador Cienfuegos no tiene sustento ni pruebas que sostengan un caso con la importancia mediática que trató de construir la DEA en contra del gobierno de López Obrador.
Como épico puede calificarse el logro diplomático que el canciller Marcelo Ebrard obtuvo con el regreso del general a territorio mexicano. Los argumentos con los que persuadió al gobierno de Trump fueron contundentes y de un estadista. “Si no se tiene confianza en la justicia mexicana, no se nos tiene en ningún otro ámbito de cooperación”, entre los que están el narcotráfico y la migración. México nunca ha tenido la posibilidad de poner sobre la mesa sus prioridades frente a EU por obvias razones, sin embargo el canciller Ebrard encontró en su capacidad de mediador, el discurso que se requería para exigir como bien lo dijo, “respeto a nuestra soberanía y a las Fuerzas Armadas de México”.
Detrás de todo esto deben existir detalles que, por su importancia, difícilmente saldrán a la luz pública. Aunque la DEA califique como un regalo a México la desestimación de cargos por la Fiscalía estadunidense, de haber contado con un caso sólido, hubiera sido impensable su absolución sin juicio como se dio la mañana del pasado miércoles 18, contrario a esto, Salvador Cienfuegos regresa a México después de que el panorama por la gravedad de los delitos que se le imputaron era totalmente desfavorable, regresa con la cabeza en alto en espera de que las investigaciones den evidencia de la equivocada acción que el gobierno de Trump le permitió a una agencia que carece, por muchas actuaciones en el pasado, de la credibilidad suficiente para señalar a un militar con la trayectoria del exsecretario de la Defensa.
Para el gobierno de México no será fácil recibir al general con los brazos abiertos, el interés mediático internacional que tuvo lo inédito de la detención y lo inédito de la desestimación de cargos a tan sólo un mes de lo ocurrido obliga a México a llevar un proceso judicial con sus propias investigaciones y al Ejército a cumplir cabalmente por la ley militar, reunir todas las pruebas posibles para limpiar la honorabilidad del Ejército y la del alto mando que representó Cienfuegos en el pasado cercano o, sancionar si así fuera el caso, dignificando a la institución.
Lo cierto es que ha sido un gran día para el Gral. Cresencio y para todo el Ejército mexicano después de los innumerables agravios a los que ha estado expuesto. Un paliativo a la moral de quienes integran una de las instituciones mejor organizadas y leales al pueblo. Sin duda existieron presiones de la cúpula de generales y miembros de las FA que mostraron su molestia por el atropello no sólo al Gral. Cienfuegos, sino a toda su institución. Aunque al Ejército lo ha distinguido la unidad entre sus miembros, lo ocurrido al exsecretario fue tomado como una afrenta que no podía permitirse, pues al interior del Ejército se vislumbraba una división de pareceres que a nadie le viene bien en tiempos críticos, en donde las FA tienen muchos asuntos que involucran su responsable unidad.
DE IMAGINARIA
El caso del Gral. Cienfuegos no es distinto al del Cap. José Martínez Crespo, en lo que se refiere a un agravio más a la institución. Se le acusa de delincuencia organizada por haber estado de servicio la noche de la desaparición por el crimen organizado de 43 estudiantes de Ayotzinapa y por haber obedecido las órdenes de su comandante, quien le asignara resguardar y permanecer en la zona del enfrentamiento entre la policía municipal y supuestos delincuentes. Está perfectamente evidenciado que no tuvo nada que ver con los hechos y que hoy también es víctima de intereses políticos que alimentan la idea de la existencia de un crimen de Estado.
