Festejo sombrío
Mientras el Presidente prepara y convoca con gran entusiasmo al Zócalo a festejar el primer aniversario de su gobierno, los ciudadanos se preguntan qué motivos hay para festejar. Cerramos este primer año de mandato con la amenaza de EU de una intervención directa, por ...
Mientras el Presidente prepara y convoca con gran entusiasmo al Zócalo a festejar el primer aniversario de su gobierno, los ciudadanos se preguntan qué motivos hay para festejar. Cerramos este primer año de mandato con la amenaza de EU de una intervención directa, por clasificar a los cárteles de México como grupos terroristas, en donde ha sido cruel y excesiva la respuesta en redes sociales que busca desacreditar y culpar a los integrantes de la familia LeBarón por haber hecho esta solicitud formal al presidente Trump, ya que no han encontrado en el presidente López Obrador garantías de protección a su comunidad ni acciones contundentes para hacer que paguen quienes calcinaron y ejecutaron a sus mujeres e hijos cobardemente.
Quienes han viralizado un sinfín de hashtags de violencia y ofensas contra ellos ignoran que esta amenaza está siendo considerada desde mucho tiempo antes de que los LeBarón la pusieran en la mesa de defensa a sus derechos como ciudadanos estadunidenses. Lo único que estos mensajes han dejado ver es el nivel de insensibilidad social, cargado de odio entre mexicanos, sembrado y orquestado por la organización de bots perfectamente diseñada para lograr el impacto que ordenan desde Palacio Nacional. Sin embargo, a pesar de que la amenaza es sólo un medio electoral, vaya responsabilidad que hoy recae en el canciller Marcelo Ebrard, no sólo está de por medio lidiar con la afrenta mediática a la soberanía de nuestro país, que necesariamente debe responderse, existe, sin duda, el riesgo de que el T-MEC vuelva al debate para su firma, con nuevas condiciones, como se hizo en el pasado, en donde se logró que la Guardia Nacional se convirtiera en la Patrol Fronteriza del sur, cuando es claro que lo que necesita Trump para su campaña es ponerle encima el pie a México rumbo a su reelección, que, dicho sea de paso, este incidente no ha tenido pronunciamiento alguno de Sánchez Cordero, cuando, junto con la cancillería, debería estar obligada a hacerle frente a estas declaraciones. No son un tema menor las implicaciones que tiene esta declaración de Trump, la ley antiterrorista le da la facultad a EU de intervenir militarmente, de aplicar sanciones económicas y de impedir el otorgamiento de préstamos de organismos internacionales, entre otras acciones. Mientras son peras o manzanas las palabras de Trump, no se puede dejar pasar el incidente sin dejar clara la posición de México en un marco diplomático de respeto mutuo.
López Obrador llega al Zócalo con 29 mil 574 homicidios en su primer año de gobierno, con la liberación de Ovidio Guzmán, líder de uno de los cárteles más poderosos de México, en donde, claramente, en este caso, no aplica el discurso de “nadie por encima de la ley”, después de la derrota del Estado que ha dejado en silencio a Alfonso Durazo. La lista de razones para no festejar parece larga, en la que sólo el Presidente y sus seguidores, representados en Bernabé Adame, encuentran motivos reales para celebrar.
México esperaría más que una fiesta, un día de reflexión profunda para analizar la situación real del país, esperaría que el Presidente escuchara y actuara en lugar de justificar lo que este gobierno no ha sido capaz de lograr. Un gobierno capaz de abrirle la puerta al dolor de un padre como Sicilia o sensible ante una familia como los LeBarón, que reclaman justicia. Un Estado que asuma la responsabilidad de los jóvenes en Ayotzinapa, porque si bien es claro que el Ejército no actuó en este crimen, las autoridades locales sí lo hicieron. Sus declaraciones mañaneras contradicen sus promesas de campaña, sorprendiendo a propios y extraños. Alejandro Encinas salió rápidamente a desmentir su declaración y a afirmar, contundentemente, que sí fue un crimen de Estado. Declaraciones sin consenso con su gabinete y sin contar con datos exactos de lo que acusa o declara confunden y distraen los temas de importancia del día a día.
Aun así, la convocatoria a la fiesta del año está en la agenda presidencial, ni Trump ni los LeBarón ni la marcha de Sicilia ni el deslinde de un crimen de Estado ni mucho menos la estrategia de seguridad fallida le quitan el ánimo al Presidente, quien festejará, junto con Ovidio Guzmán y los cárteles de droga, los vaivenes de su primer año de gobierno.
