¿A quién escucha el Presidente?

La palabra del Presidente cada día genera, no sólo el menor interés, sino la constante molestia de sus ocurrencias y sus desatinos que hoy ya llegan a calar el más profundo razonamiento de los mexicanos. La mayoría, cada mañana, se encuentran en la disyuntiva de ...

La palabra del Presidente cada día genera, no sólo el menor interés, sino la constante molestia de sus ocurrencias y sus desatinos que hoy ya llegan a calar el más profundo razonamiento de los mexicanos. La mayoría, cada mañana, se encuentran en la disyuntiva de apagar cualquier medio que transmita la mañanera por salud mental, pero, a su vez, se torna irremediable la necesidad de no poder dejar de escuchar tanta sandez por el simple hecho de que ésta atenta contra el bienestar social y económico al que estamos por enfrentar.

La pregunta es, ¿a quién escucha el Presidente, si es que escucha a alguien? ¿Quién lo asesora? ¿Quién le dice que su confrontación constante y la retórica, por demás desgastada de pelear cada mañana con sus molinos de viento, ya no reditúa en aprobación?

La realidad es que el Presidente no le habla al pueblo de México, ni a más del 50% de los mexicanos que le piden sensatez, el Presidente le habla sólo a su base, aquella que conforma a través de sus programas de apoyo y a la cual beneficia directamente, sin transparencia ni orden, para cumplir su proyecto personal que cada día se acerca más a lo irreversible.

No escucha al empresariado, motor generador de los miles de empleos que están por colapsar. No escucha a los miles de afectados que provocó con sus políticas. No escucha a los especialistas, quienes vislumbran la catástrofe financiera en la que entraremos no sólo por la pandemia, sino por todo lo que ha desmantelado desde el día uno de su administración. No escucha a inversionistas nacionales ni extranjeros que empiezan a ubicar su riqueza en otro país. No escucha a sus funcionarios cuando le dicen que la emergencia sanitaria podría devastar al sector salud en unas cuantas semanas, porque, por cada caso positivo, se consideran nueve contagiados y que, al no realizar pruebas, se desconoce el número real de esta estadística.

En los hospitales no se cuenta con lo mínimo indispensable para proteger la vida del personal, quienes han salido a la calle a manifestar su miedo.

Tampoco escucha al pueblo, asistir a regiones con su disfraz de luchador político para ser escuchado y no escuchar, no es escucharlo. No lo escucha porque las consultas a modo, que han tirado proyectos que beneficiarían a la mayoría, las conforman unos cuantos. Simplemente, el Presidente no escucha a nadie y debería hacerlo con los secretarios que se tornarán como los más importantes de su gabinete, sus secretarios del Ejército y Marina. Ellos, además de su compromiso frente a la emergencia sanitaria, coordinando hospitales y abasteciéndolos, sobre todo de personal, tendrán que preocuparse por la falta de implementos de protección para evitar el contagio entre la GN, soldados y marinos, quienes se encuentran en funciones de Seguridad Nacional, convirtiéndose para las FA en un problema de grandes dimensiones. Además, tendrán que enfrentar el descontento social, la falta de empleos, el crecimiento de la pobreza que no tendrá precedente alguno en la 4T, cárteles que aprovechan las circunstancias para ganar empatía en sus regiones con despensas y ayuda que el Estado no proporciona, cientos de inmigrantes abandonados a media carretera por autoridades migratorias sin ninguna protección sanitaria al no poder ser repatriados, el crimen sin descanso que convierte  marzo en el mes más violento de los ya más violentos en la historia de México. Todo eso, además, desencadena la enorme necesidad de poner orden al desorden provocado por el mismo Presidente.

 DE IMAGINARIA

Sólo faltaba la propuesta del senador Germán Martínez, quien sugiere la estatización de hospitales privados para sumar una ocurrencia más de la 4T. Reconocimiento especial al personal sanitario de todas las instituciones de salud pública y privada, que arriesgan su vida por salvar la de otros.

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