Trump, el coctel molotov
En un contexto de creciente dominancia de Huawei, el mandatario estadunidenselo toma de pretexto para escalar la guerra comercial entre EU y China. Para ello,el Departamento de Justicia levanta cargos criminales contra la empresa china.
La comunidad internacional se acerca a una de las fases más complejas en su relación con Estados Unidos. Su presidente, Donald Trump, está dispuesto a prender la mecha de un peligroso coctel molotov, construido a partir de la mezcla del poder nacional de la primera potencia del mundo, con la estrategia de una campaña electoral de reelección que se anticipa tan larga como riesgosa, al haberla arrancado a más de un año de su celebración (3 de noviembre de 2020). Así, las decisiones desde la Oficina Oval no tienen la intención de establecer el buen gobierno, sino de transitar la viabilidad de un segundo mandato, producto de la exclusión y el conflicto que requiere su base electoral, para mantener la cohesión en torno a la fórmula Trump-Pence.
La vertiente política del coctel molotov lo demostró con México. El chantaje al gobierno federal con la amenaza arancelaria —que ante la imposición de mayores tarifas a las exportaciones provenientes de nuestro país, no sólo afectaba el desempeño económico nacional, sino también a empresas estadunidenses que en su territorio producen insumos para la manufactura mexicana y a los propios consumidores norteamericanos que se verían expuestos a pagar productos más caros— muestra hasta dónde está dispuesto Trump a arriesgar un escopetazo en el pie con tal de refrendar a sus electores leales la “fortaleza” de su liderazgo, al hacer dominar los intereses estadunidenses sobre los de naciones aliadas o, incluso, integradas comercialmente, como la nuestra.
Lo grave es que el coctel molotov de Trump no se agota en la arena de lo político, sino que, además, está dispuesto a detonar sus efectos sobre campos exclusivos de la IP, donde debiera dominar el talento y la capacidad de las empresas para hacerse de la preferencia de los consumidores, más no la injerencia de intencionalidades ajenas al libre mercado. El ejemplo más visible es Huawei. Esta empresa china ha sido un agente disruptor en la industria global de la tecnología, resultado de sus trabajos de investigación y desarrollo de redes de telecomunicaciones, dispositivos inteligentes y servicios en nube. Al igual que otras empresas del ramo, competía vía calidad. Huawei fue reconocida por la innovación de sus productos, así como por su proveeduría tecnológica a los 35 más grandes operadores mundiales de telecomunicaciones. La tracción conseguida era tan importante que, en el primer trimestre de 2019, se dio a conocer que Huawei vendió 22.7 millones de celulares inteligentes más que Apple (59.1 vs. 36.4 millones, respectivamente), colocándola sólo atrás de Samsung. Esta alta competitividad en el sector estaba desde mediados del año pasado, cuando por primera vez la empresa estadunidense bajó al tercer puesto en ventas. Es en este contexto de creciente dominancia de Huawei, donde el mandatario estadunidense la toma de pretexto para escalar la guerra comercial entre EU y China. Para ello, el Departamento de Justicia levanta cargos criminales contra la empresa china, sus subsidiarias y su directora de Finanzas. Ese mismo gobierno exige a sus contrapartes regionales el no adquirirle tecnología y, en paralelo, las empresas estadunidenses Google, Facebook y otros fabricantes se niegan a continuar con la normalidad en la prestación de sus servicios a Huawei. La embestida ha obligado a la empresa a detener la presentación de su nueva línea de productos y puesto en riesgo la estabilidad en la relación con sus consumidores. Toda esta injerencia en el mercado de telecomunicaciones es un pretexto para cumplir objetivos de Trump, porque él mismo ha señalado que, de avanzar las negociaciones comerciales con China, podrían flexibilizarse las medidas impuestas por su gobierno en contra de Huawei. Sin embargo, la escopeta en el pie está de nueva cuenta lista para dispararse en los zapatos de Trump, si la empresa china comienza a desarrollar su propio software y deja atrás su dependencia de proveedores de EU. En lo referente a las disputas por el uso legal o indebido de patentes, éstas deberán ser resueltas por las instancias correspondientes. Así como Huawei ha sido señalada de estas prácticas, también otras empresas enfrentan demandas similares. Lo que está fuera de lugar es el uso del poder nacional para favorecer una campaña electoral y descarrilar a una competidora de las empresas estadunidenses. Seguramente, habrá más sorpresas. Las encuestas recientes ubican al precandidato demócrata Joe Biden, entre 8 y 13 puntos porcentuales arriba de Trump. El republicano necesita trofeos en su estante para presumirlos a su base electoral. Entonces, podemos esperar cualquier cosa.
