Una cadena de mentiras

La gira de López Obrador por Nueva York y Washington fue una cadena de mentiras. Durante días generó expectativas sobre el alto nivel de las reuniones que sostendría en ambas ciudades para defender a los migrantes mexicanos frente al clima de persecución, que viven bajo la administración de Donald Trump.

Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos fue descubriendo cada uno de los engaños que el mismo precandidato presidencial posicionó públicamente, en la antesala a su salida hacia EU. En Nueva York, López Obrador habría de sostener una reunión con el Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU, a fin de presentar una denuncia por la violación a las garantías fundamentales de los migrantes. La mentira no duró mucho. Ya había llamado la atención que su agenda oficial no confirmara el nombre del Alto Comisionado Zeid Ra’ad Al Hussein ni la hora y lugar donde se realizaría el supuesto encuentro. También, que la última referencia a López Obrador en el portal de la ACNUDH se remonte al anexo de un documento fechado en junio de 2013. Andrés Manuel usó de pretexto la nevada ocurrida en Nueva York para justificar la cancelación de la reunión al interior de la ONU, con la ignorancia de que la oficina del Alto Comisionado se encuentra ubicada en Ginebra, Suiza.

Por su parte, en la Organización de Estados Americanos no le recibieron ni Luis Almagro, secretario General del organismo ni Paulo Abrão, secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Tampoco las denuncias en contra de las acciones ejecutivas de Donald Trump en materia migratoria tuvieron de la OEA la más mínima referencia. Al igual que en la ciudad de Nueva York, en Washington López Obrador no pasó más allá de encuentros con funcionarios que carecen de poder de decisión en temas internacionales.

Andrés Manuel miente también al señalarse defensor de los migrantes en Estados Unidos. La gira careció de bilaterales con tomadores de decisión de los departamentos federales, responsables de conducir la política migratoria; de líderes republicanos y demócratas del Congreso, así como de los perfiles en los sectores privado, social y académico que tienen influencia sobre las autoridades públicas. La ausencia de figuras de peso pareciera concluir que López

Obrador sólo tiene persuasión entre sus bases militantes.

Sin embargo, las mentiras no se detuvieron ahí. Ante la demanda legítima de Antonio Tizapa, padre de uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, por conocer los nexos políticos de López Obrador con José Luis Abarca, Andrés Manuel respondió con intolerancia al acusarlo de provocador y mentiroso. En lugar de ofrecer una sincera disculpa al padre ofendido, el precandidato presidencial prefirió mentir de nuevo al rechazar que él dijera eso —cuando el audio da muestra suficiente—, acusar al Ejército de la desaparición de los estudiantes y reclamar que justo cuando va liderando las encuestas, aparece Tizapa en uno de sus eventos. Incluso, Carlos Loret, en su columna de ayer, hace un recuento del clima de linchamiento generado por las huestes de López Obrador en redes sociales, quienes, incluso, solicitaban denunciar a este padre de familia ante las autoridades dependientes de Donald Trump, para castigar su conducta con la deportación a México.

Las cadenas de mentiras de López Obrador no tienen fronteras ni hay muro posible que las contenga. Fue a Estados Unidos con las mismas prácticas que le han acompañado toda su trayectoria política. Además de que no mostró una propuesta convincente para mejorar la calidad de vida de los migrantes ni para mejorar el desempeño institucional de México. Valdría la pena preguntarnos, si este tipo de liderazgo es el adecuado en los retos que enfrentamos. A todas luces, no.

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