¡Colima: elección anulada!
La decisión del TEPJF llega como bálsamo para la maltrecha democracia mexicana.
Una verdad de la palabra siempre provoca una respuesta del poder, si es eficaz. Roberto Saviano
En nuestra columna del pasado 6 de octubre, titulada Colima y TEPJF: democracia en juego, señalamos:
“El fallo sobre Colima es fundamental para el futuro democrático del país. La decisión del TEPJF pondrá a prueba no sólo a una institución, sino a la madurez y honestidad del aparato electoral.
“Avance democrático o retroceso. De ese tamaño es Colima”.
Hasta aquí lo escrito hace 17 días.
Hoy, en medio de los escenarios pesimistas que se atisban para el país, se da una decisión del TEPJF que llega como bálsamo para la maltrecha democracia mexicana: anular una elección plagada de irregularidades.
Ayer, por Proyecto de Sentencia del magistrado Manuel González Oropeza, el TEPJF, en su calidad de máximo árbitro electoral del país, anuló los comicios realizados en Colima el pasado 7 de junio, por considerar “injerencia indebida en el proceso del gobierno del estado”.
“El gobierno ha tenido una actuación atípica; están probadas las irregularidades cometidas”, advirtió, a su vez, el magistrado Salvador Nava Gomar, en una frase que encierra el cochinero electoral colimense.
Y, por supuesto, que ni se trata de actos de fe o dogmas partidistas, o que si el PRI gana no hay democracia y si pierde sí hay democracia (aunque al análisis se irían las formas, coacciones y compra de votos del ritual electoral priista). Nada de eso.
En el caso Colima, las irregularidades se dieron a manos llenas por parte de la nomenclatura local tricolor.
La de Colima fue una elección de Estado. ¡Sin duda!
Juzgue usted, lector, si fue o no así:
Intervención del secretario de Desarrollo Social del gobierno local (PRI), Rigoberto Salazar, promoviendo el voto en favor de Ignacio Peralta, considerado candidato de Los Pinos. Un audio presentado por el panismo así lo comprobó.
¡Hasta personas muertas “votaron”!
Las autoridades electorales locales no aplicaron una valoración exhaustiva de cada una de las pruebas sobre violaciones a la ley presentadas por el PAN y sólo se limitaron a enumerarlas.
El PAN ganó seis de los diez municipios más grandes e importantes de la entidad, por lo que gobernaría a 90% de la población, tendría mayoría en el Congreso local (13 de 25 escaños)… ¡pero no obtuvo la gubernatura! ¿Raro, no?
Más allá de los motivos de la anulación, hay varias reflexiones:
Primero, que la confianza perdida en las instituciones —TEPJF, INE y en general, incluyendo a gobiernos, partidos y órganos de seguridad nacional— se restituye, aunque sea en parte mínima, enviando un destello de esperanza para que, a futuro, se anulen elecciones de Estado, fraudulentas o inducidas por los poderes locales.
Segundo, que se lanza una advertencia a los partidos políticos —no sólo al PRI, sino en general— de que, con argumentos jurídicos sólidos y pruebas bien sustentadas, el TEPJF es capaz de valorarlas adecuadamente y darles el peso suficiente para anular o ratificar.
Tercero, que hay una llamada de atención para los partidos cuando el año próximo se jueguen 12 gubernaturas, y se advierte que no se permitirán cochupos de gobernadores o alcaldes en favor de determinado partido. Ya era hora.
En diciembre se repite la elección.
No descartemos, ya con piso parejo, que Preciado rebase al PRI y Colima se vista de azul.
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