CNTE: regresa la rebelión
En Oaxaca, 70% de primarias y secundarias dejó de dar clases por ausencia de maestros.
Estalló de nuevo la furia magisterial y la CNTE cumplió, parcialmente, sus amenazas. Si alguien en el gobierno federal pensaba que el movimiento estaba en declive, hizo mal el cálculo. Allí están los hechos de ayer:
En Oaxaca, alrededor de 70% de primarias y secundarias dejó de impartir clases por ausencia de maestros, aseguró el director del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), Moisés Robles. En Michoacán, 400 mil estudiantes se quedaron sin clases ante el paro convocado por la Coordinadora, confirmó la Secretaría de Educación estatal.
Movilizaciones de protesta en Tabasco —donde hubo enfrentamientos de policías y profesores entre gases lacrimógenos, pedradas, golpes y toletazos—, Chiapas y Guerrero.
En el Distrito Federal, por la tarde, el centro fue tomado por la CNTE. Una vez más la parálisis, y el vacío de gobierno, estranguló a millones de capitalinos.
Oaxaca y Michoacán son bastiones de la CNTE. Tabasco se mantiene bajo su dominio. Chiapas, otro tanto.
La ofensiva de la CNTE se mantiene.
“Maestro que acumule más de tres faltas al mes, será despedido”, advirtió el secretario de Educación, Aurelio Nuño. Pago por ver. ¿Cómo se piensa despedir, por dar un botón de muestra, a más de 100 mil maestros concentrados tan sólo en Oaxaca y Michoacán?
Ese es el desafío de Nuño, que no doblega ni atemoriza a la CNTE, curtida ya en movimientos sociales, en protestas públicas y en paros de labores. Lo han hecho desde siempre y, por lo visto, lo seguirán haciendo.
La furia magisterial es manejada con pinzas desde el gobierno peñista.
Ante el desprestigio internacional que vivimos por la Casa Blanca, Ayotzinapa, violencia, corrupción, nulo crecimiento económico, fuga de El Chapo y demás calamidades, no les conviene en Los Pinos un enfrentamiento mayúsculo y abierto contra la CNTE. De muertos ni hablamos. Sería el tiro de gracia.
¿Qué hará entonces el gobierno con la CNTE? Se necesitan más que bravatas y retórica para someterlos. De entrada, ya se ha hecho un cálculo: descabezar a la CNTE con la detención del líder de la Sección 22 en Oaxaca, Rubén Núñez, y su primer círculo. ¿Los delitos? Ya se armarían sobre la marcha. Sí: un quinazo es sopesado en el gobierno para sofocar los ánimos de rebelión de la CNTE, intentando aplacarlos con el encarcelamiento de sus dirigentes y pendiendo la espada sobre aquellos que osasen liderar a la CNTE si Núñez llega a caer.
Sin embargo, hay un conflicto de fondo. Muy de fondo.
Ni la CNTE es el SNTE ni Rubén Núñez es Elba Esther Gordillo. El SNTE tenía estructura y motivaciones muy diferentes a la CNTE.
El SNTE de Gordillo dependía de una estructura de intereses político-económicos-electorales en diversos estados, buscaba cotos de poder dentro de los gobiernos priistas y panistas, y era factor de peso en elecciones locales y federales, además de erigir su propio partido político (Panal) y reclutar a legisladores.
Esa era su fortaleza y, paradójicamente, su debilidad: como el SNTE y Gordillo eran parte del sistema, por tanto, ese mismo poder los podía desarticular, como ocurrió con el encarcelamiento de Elba Esther.
La CNTE es otra cosa.
Si bien ha resultado beneficiada en lo económico desde los propios gobiernos, sus raíces y accionar responden, más que a obtener parcelas de poder dentro del gobierno o representaciones legislativas, a líneas marxistas-leninistas, radicalizadas, enraizadas en varios estados, con opciones de violencia y a levantamientos armados.
Y allí radica, precisamente, el temor del gobierno a la CNTE: a que un mal cálculo les haga estallar, en las manos, un levantamiento armado. Allí está la diferencia radical.
Y también, el miedo.
TW: @_martinmoreno FB / Martin Moreno
