Ayotzinapa: entre odios y mentiras

En nombre de Ayotzinapa hoy se escriben parrafadas de odios, fanatismos, imprecisiones y mentiras. Se ha perdido el núcleo del caso: saber qué les ocurrió realmente a los 43 estudiantes. Cómo y por qué los atacaron y desaparecieron. Eso, hoy, parece ya no importar. Los ...

En nombre de Ayotzinapa hoy se escriben parrafadas de odios, fanatismos, imprecisiones y mentiras. Se ha perdido el núcleo del caso: saber qué les ocurrió realmente a los 43 estudiantes. Cómo y por qué los atacaron y desaparecieron. Eso, hoy, parece ya no importar. Los rencores y los intereses personales se devoran a la tragedia en Iguala. Qué pena.

Ayotzinapa ya es un duelo de mezquindades. A ver quién miente más. A ver quién escupe más. A ver quién ofende más. Plumas convertidas en voceros oficiosos. Voces al servicio del poder en lugar de servir al ciudadano. Voluntades y opiniones en barata de otoño. Dan lástima.

Hoy leemos andanadas vergonzantes que operan bajo dos causas: sus odios personales hacia AMLO y su servilismo al estar en la nómina del poder priista. No investigan, sólo agreden. No reportean, sólo envilecen. No aportan, sólo obedecen.

En esta vorágine de odios, insultos y mentiras, es imperativo dejar en claro algunos puntos.

Hasta ahora, faltan 40. Saber qué pasó realmente con ellos. Si la Universidad de Innsbruck, en Austria, afirma que sólo dos estudiantes —Alexander Mora y Jhosivani Guerrero de la Cruz— fueron identificados en el basurero de Cocula, mientras Julio César Mondragón fue desollado en Iguala, ¿qué ocurrió con el resto de sus compañeros? Esa es, hoy por hoy, la única verdad histórica.

Si la Universidad de Innsbruck reportó el 22 de enero pasado, de manera oficial, que le era “imposible identificar los restos hallados en el basurero de Cocula”, entonces ¿por qué hasta ahora revela la identidad positiva de Jhosivani? ¿Por qué precisamente divulgarlo hoy, cuando la versión de la PGR se tambaleaba? Una de dos: o hasta ahora le convino al gobierno revelar completo el informe llegado desde Austria en enero, o alguien en Innsbruck mintió o se equivocó. Es necesario dar una explicación, si en enero era otro el dictamen.

Se ha querido crucificar el informe del grupo especializado de la CIDH sobre Ayotzinapa (alguno hasta… ¡pidió su expulsión!, en un lance cavernícola de odio e intolerancia). A ver: el informe de esta Comisión, hecho público el pasado 6 de septiembre, advirtió que no a todos los estudiantes se les quemó en Cocula. NO A TODOS. Así, con mayúsculas. Que se lea bien. Y si hoy solamente se identifica a Alexander y a Jhosivani —solamente a dos—, luego entonces ¿qué ocurrió con los demás? Mienten quienes afirman que el reporte llegado desde Innsburck confirma que los 43 de Ayotzi sí fueron incinerados en Cocula. No es así. Sólo se reportan dos casos. Y nada más.

Si algo hay que reconocerle a la CIDH es, precisamente —bajo trabajo científico—, haber puesto en duda, al menos, la “verdad histórica” divulgada en noviembre de 2014 por el aún procurador Murillo Karam. Si su informe del 6 de septiembre ayuda a aclarar las cosas, bienvenido el informe de la Comisión.

El famoso “quinto camión” se erige, en este momento, en un factor clave para aclarar el caso Ayotzinapa. ¿Por qué? Porque podría explicar varias cosas: los motivos del ajusticiamiento colectivo de los muchachos, el sadismo que se ejerció contra ellos, y si por equivocación se apoderaron de una unidad que llevaba droga.

Ofende a la memoria de algunos estudiantes, y de padres de familia, que se les tache, sin pruebas, de estar ligados con el narco guerrerense.

Este columnista obtuvo y reveló, en octubre de 2014, los primeros testimonios de los sicarios de Guerreros Unidos, que confirman que los 43 de Ayotzinapa jamás estuvieron juntos al huir, y que algunos fueron masacrados y enterrados en lugares diversos afuera de Iguala. De ahí lo insostenible de haber sido quemados, todos, en Cocula.

Sobre Ayotzinapa falta verdad y sobran odios y mentiras.

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            FB /Martin Moreno

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