La cena cancelada

Gastar 18 mdp era innecesario y hasta ofensivo justo cuando el gobierno anuncia austeridad.

“Por austeridad”, es la razón oficial de Los Pinos para cancelar la tradicional cena del 15 de septiembre en Palacio Nacional.

Por necesidad y congruencia, son las razones fundamentales. Las razones del país.

No puede haber cena de festejo independentista, cuando alrededor se asoman los 43 de Ayotzinapa, fantasmales en su desaparición, vivos en la mente de sus padres y en la memoria de una nación azotada por la violencia a grado máximo, con la impunidad cabalgando de norte sur, de este a oeste, arropada por la complicidad de poderes municipales, estatales y federales. Desde esa óptica, pues sí: fue el Estado.

No puede haber cena si en el entorno presidencial y en el imaginario nacional no se diluye la percepción del conflicto de interés o del tráfico de influencias con la Casa Blanca o la de Malinalco. ¿Y cómo borrarla, si entre los invitados especiales al Tercer Informe de Gobierno estaba, en lugar privilegiado, el dueño del Grupo Higa, Juan Armando Hinojosa? ¿Quién lo invitó?

No puede haber cena cuando al país lo sigue azotando la pobreza en ascenso: en tres años de gobierno peñista se han arrojado dos millones más de pobres (Fuente: Coneval). Cada mes, alrededor de 80 mil nuevos pobres. Veinte mil a la semana. Casi tres mil diarios. Son las cifras de la derrota. ¿Cómo brindar con copas de champaña y salmón ahumado mientras 55.3 millones de mexicanos apenas comieron el “día de su independencia” un puñado de frijoles, arroz y agua contaminada?

No puede haber cena al haber estancamiento económico: el crecimiento promedio —por llamarlo de alguna manera— entre 2013 y 2015 será de 1.6%. Banxico ubica, para este año, un crecimiento base de 1.7%. Cifras mediocres e insuficientes para lo que requiere México.

No puede haber cena si, de acuerdo al secretario del Trabajo federal, 250 mil mexicanos perderán su empleo durante 2015. ¿Con qué cara festinaremos el ¡Viva México! frente a quienes se quedaron sin trabajo este año o durante la semana, recibiendo apenas unos pesos como liquidación, si bien les va?

No puede haber cena cuando México sigue arrodillado ante la violencia: en el sexenio se han registrado alrededor de 57 mil 410 homicidios dolosos, según el riguroso conteo del prestigiado semanario Zeta, con base en cifras del SNSP y de Procuradurías de Justicia estatales. Diecinueve mil asesinatos al año. La violencia no cesa. La violencia no se ha ido.

No puede haber cena mientras el mundo ve, azorado, cómo Ayotzinapa, Casa Blanca y la fuga de El Chapo Guzmán han exhibido la impunidad que rodea al país y a un sistema de seguridad —también por llamarlo de alguna forma—, vulnerable, sobornable. El capo se fugó por el mismo agujero por dónde la credibilidad hacia la justicia nacional se escurrió.

No puede haber cena cuando alrededor de 12 mil mexicanos han desaparecido desde 2013, revela Amnistía Internacional (AI). ¿Brindemos por los ausentes, por los enterrados, por los levantados?

Cierto: gastar 18 millones de pesos en una cena independentista era innecesario y hasta ofensivo, justo cuando el gobierno mexicano anuncia medidas de austeridad —igual, por llamarlas de alguna manera—, y se tenía que predicar con el ejemplo.

Sin embargo, las razones de fondo van mucho más allá de un simple gasto que bien se puede compensar con ahorros en otros rubros. En celulares y autos de legisladores, por ejemplo.

Las razones son de fondo. Y de forma.

Las razones de que no haya cena y brindis independentistas bordean a un país herido, vejado, corrompido, agraviado. Impotente si se quiere.

Ésas son las razones. No tanto los 18 millones de pesos ahorrados.

Nada, pues, que celebrar.

                                                                  TW: @_martinmoreno

                                                                         FB /Martin Moreno

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