Mirar al futuro
Algunos estados del país ya trabajan en recuperar inversión, empleo y desarrollocon la participación de quienes hoy pueden aportar recursos que garanticeneconomía a largo plazo.
Es indudable que para muchos líderes sociales y políticos en el mundo estos últimos 12 meses han sido una dura prueba para continuar escribiendo la historia sin caer en el pesimismo en que la pandemia que hoy agobia a la sociedad global nos ha sumido a muchos seres humanos. La crisis sanitaria por el nuevo coronavirus y sus mutaciones obligan a redoblar esfuerzos para concebir nuevos modelos de convivencia social, desde los preventivos ante los nuevos virus, hasta los económicos que, de forma especial, fueron trastocados por las consecuencias de una enfermedad que ya ha matado a casi dos millones de habitantes del planeta y contagiado a poco más de 90 millones.
Es responsabilidad de los gobiernos establecer políticas públicas que ayuden a la sociedad a enfrentar la debacle humanitaria que hoy vivimos y lo que venga en los próximos meses y años, que necesariamente provocará más pobreza y más hambre en el mundo. Por ello, la responsabilidad de cuidarse ante la enfermedad no recae únicamente en los ciudadanos y sus familias, sino también en quienes hoy “guían” los destinos de la sociedad y quienes —en teoría— deberían mirar hacia mejores horizontes, en lugar de echar culpas, a diestra y siniestra, a quienes tuvieron esa responsabilidad antes y no la cumplieron o lo hicieron a medias.
Muchos paradigmas del pasado hoy ya están rotos. Hay que pensar de manera diferente para encontrar solución a nuevos problemas que a partir de ahora surgirán de la pandemia. No podemos pensar en un mundo igual al que teníamos hasta antes del 2020. El nuevo año trae consigo nuevos escenarios, a los cuales habremos de enfrentarnos ya.
Algunas naciones ya buscan modelos novedosos para regresar al camino del desarrollo para sus pueblos así como facilidades a sus ciudadanos para reemprender la senda al crecimiento tecnológico y, principalmente, humano. Sin embargo, hay quienes, a duras penas, podrán sobrevivir o morirán en el intento. Sobre todo en países pobres o en vías de desarrollo.
México tiene el talento de su gente, más que de sus gobernantes, para enfrentar con éxito tremendo desafío, pero para ello se requiere la unidad social, que actualmente está resquebrajada. Pocos han sido los que han optado por emprender medidas que ayuden a regresar a la generación de “economía” con todo lo que ello implica: salud, empleo, educación, ingresos, cultura, etc. En fin, mejores condiciones humanas para el desarrollo.
Algunos estados del país ya trabajan en recuperar inversión, empleo y desarrollo con la participación de quienes hoy pueden aportar recursos que garanticen economía a largo plazo. El sureste del país ha logrado atraer en los últimos meses inversiones que, sin duda, abrirán el camino a la recuperación sostenida para los próximos años. Ejemplo de ello es el astillero más grande de Latinoamérica, el cual será instalado en las costas de Yucatán por parte de la empresa italiana Fincantieri, con una inversión inicial de 500 millones de dólares. Contempla la construcción de dos diques secos dentro de un terreno de 40 hectáreas en Puerto Progreso, que albergará un complejo útil para reparar o construir embarcaciones de hasta 400 metros de eslora o longitud, a partir de 2024.
Por cierto, el domingo próximo Mauricio Vila Dosal, gobernador de Yucatán, rendirá su segundo informe de gobierno de manera virtual debido a las medidas sanitarias que prevalecen por la pandemia. Las últimas encuestas de las principales empresas dedicadas a medir la preferencia ciudadana hacia los gobernantes (C&E Research-Demotáctica, Investigaciones Digitales y Mitofsky) colocan a Vila en el primer lugar de los gobernadores mejor evaluados, con las mejores calificaciones en los principales rubros de la vida pública como seguridad, economía, sociedad y combate a la corrupción.
A dos años de distancia, Yucatán no sólo ha sufrido los embates de la emergencia sanitaria. También tuvo que enfrentar cinco desastres naturales que causaron lluvias severas durante mayo y junio del año pasado, entre ellos la tormenta tropical Cristóbal, lo que provocó pérdidas económicas al estado por cinco mil 422 millones de pesos, entre daños a la agricultura, vivienda e infraestructura urbana. Han pasado dos años de implementar políticas públicas con creatividad para hacer frente a una realidad que hoy ha cambiado la forma en la que vemos al mundo.
