Como la cigarra
El ambulantaje desbordado, la invasión de inmuebles, las extorsiones y la presencia de grupos criminales —grandes y pequeños—mantienen a la ciudad en tensión permanente.
“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí; sin embargo, estoy aquí, resucitando…”
Así comienza Como la cigarra, poema de María Elena Walsh que Mercedes Sosa transformó en himno de resistencia. La imagen de la cigarra que canta tras el invierno simboliza a quien sobrevive al dolor y sigue de pie. Esa metáfora se ajusta hoy a Clara Brugada Molina al frente de la CDMX.
Su primer año de gobierno ha sido una prueba constante. Inició marcado por la tragedia: el asesinato de dos de sus colaboradores más cercanos —una operadora leal, Ximena, y un joven brillante que consideraba casi un hijo, Pepe—; golpes que dejaron una huella emocional y política. A ello se suma la pesada herencia histórica de una izquierda capitalina que, desde Cuauhtémoc Cárdenas, ha acumulado aciertos, pero también profundas culpas.
Brugada gobierna una ciudad que arrastra los excesos de Rosario Robles, las decisiones y omisiones de Marcelo Ebrard, la indiferencia de Miguel Ángel Mancera y la marca más dolorosa: la Línea 12 del Metro, herida que sigue pesando en lo moral, lo técnico y lo financiero. También enfrenta el desgaste de una ciudad utilizada como “caja de recursos” para impulsar la campaña presidencial, lo que dejó vacíos operativos y estructuras debilitadas.
En la calle, la realidad es aún más cruda. La corrupción policial persiste como un sistema paralelo desde los tiempos de Arturo Durazo: cuotas, cobros, protección criminal y desconfianza ciudadana siguen ahí. Al mismo tiempo, el ambulantaje desbordado, la invasión de inmuebles, las extorsiones y la presencia de grupos criminales —grandes y pequeños—que mantienen a la ciudad en tensión permanente.
A pesar de ello, Brugada representa una vertiente distinta de la izquierda. No es la funcionaria de oficina: proviene del activismo territorial, de los barrios, de los mercados y de las colonias olvidadas. Esa raíz la separa de los priistas y panistas reciclados que llegaron a Morena sólo para mantener viejos negocios y que hoy son uno de los principales lastres del proyecto.
Gobernar la capital implica enfrentar intereses internos, presiones federales y una ciudadanía que ya no tolera simulaciones. Le toca recomponer una ciudad saqueada, pero también revitalizar una esperanza que aún existe en sectores que creen en la posibilidad de un gobierno honesto y cercano.
Como la cigarra, Clara Brugada ha tenido que resurgir entre pérdidas personales, estructuras corroídas y guerras internas. Si logra mantener su voz firme —la de la izquierda que no renuncia a sus raíces populares— entonces podrá decir, como en la canción, que después de tanto invierno aún canta.
ÓRDENES DE PALACIO
No es la primera vez que toca el tema directo y de frente… El jueves pasado, la titular del Ejecutivo, Claudia Sheinbaum, se refirió una vez más al tortuoso asunto de la empresa china fabricante de pisos de cerámica —Time Ceramics—, la cual ha cometido irregularidades con la explotación de pozos de agua de uso agrícola para sus procesos industriales en el municipio de Emiliano Zapata, Hidalgo. Ante las declaraciones del vocero de la empresa, Alan Sánchez, quien deja entrever que goza de “derecho de picaporte” en la Presidencia por haber trabajado en la alcaldía de Tlalpan, ella fue tajante al señalar que nadie goza de privilegios en su administración. “Cualquiera que les diga que un familiar, un amigo, que un conocido de la Presidenta lo mandó, falso. Es mentira… No ando mandando a ningún lado a nadie. No hago recomendaciones de nadie que tenga que ver con algún contrato. Absolutamente nada”, remató. Y sobre el conflicto Sheinbaum ordenó la revisión de los permisos para uso de agua porque hasta donde se tiene entendido su permiso tenía que ver con la utilización de agua tratada y no de explotación de pozos de uso exclusivamente agrícola. Una vez más, Conagua tiene la última palabra frente a la queja de los comuneros.
