La Fórmula 1 de regreso

Hay una conexión histórica de México con los vehículos de cuatro ruedas.

Los automóviles son el invento del siglo XX. Las carreras, uno de los deportes globales. México ha tenido una liga especial con el automóvil. Hay una conexión histórica del país con los vehículos de cuatro ruedas. Han jugado un papel crucial en el desarrollo y además en la vida social, como símbolo de estatus y hasta como recurso político. El presidente Miguel Alemán transitaba en Cadillacs negros, López Mateos en Mercedes o conducía él mismo sus Maseratis, y a López Obrador lo transportaba Nico en un Tsuru blanco.

En los años 50 la Carrera Panamericana fue una llamada que puso a México en el mapamundi. Más adelante, los hermanos Ricardo y Pedro Rodríguez deslumbraron internacionalmente con su talento, carisma, arrojo y valentía. Tal vez el actual cine mexicano debería ocuparse de una película sobre los pilotos mexicanos. No tendría que ser un argumento meramente lúdico o trivial. Los Rodríguez son expresión de una época, del comportamiento de un grupo en el poder.

Ahora en cartelera, por pocos días, se exhibe Rush, una extraordinaria película de la rivalidad de dos pilotos de Fórmula 1: el británico James Hunt, prototipo del playboy con el que todas las jóvenes alguna vez quisieron salir, y Niki Lauda, un frío austriaco, germánico calculador y previsor piloto, campeón del mundo varias ocasiones en los lugares que han ocupado Juan Manuel Fangio, Ayrton Senna, Fernando Alonso y ahora el invencible alemán Sebastian Vettel.

En una de las escenas Niki Lauda choca y está atrapado en su Ferrari en llamas. Lauda había exigido que la carrera se suspendiera por las difíciles condiciones: lluvia pertinaz, pista resbalosa y gruesa niebla. Los demás pilotos, encabezados por su archirrival Hunt, desecharon su petición y los jueces decidieron celebrar la justa. Guy Edwards, uno de los pilotos, al ver el accidente, se detuvo para auxiliarlo. Lo sacó del auto en llamas y le salvó la vida. El hijo de Edwards, Sean, también piloto de carreras, fue invitado a desempeñar el papel de su padre, cuando salva al protagonista de morir. Hace una semana, en una prueba a bordo de un Porsche, como si la escena cinematográfica volviera a repetirse, sólo que en vivo, Sean chocó contra una pared, el coche en llamas se convirtió en su achicharrado ataúd, murió dentro del bólido. No estuvo su padre para salvarlo.

México, en buena medida gracias a la intervención de Telmex, uno de los patrocinadores más notorios, ha regresado a las carreras de Fórmula 1 con Checo Pérez. Adicionalmente es probable que la Ciudad de México vuelva a ser escenario de carreras de Fórmula 1. De aceptarse los arreglos que se hacen al Autódromo de los Hermanos Rodríguez, dentro de un año habrá carreras de F1 en México.

La Fórmula 1 es a las carreras de automóviles lo que las ligas mayores al beisbol. Su significación es de varios órdenes. Es un acicate para los productores de automóviles, convoca a miles de turistas, es en sí misma una promoción turística entre aficionados con alto nivel de ingreso y capacidad de gasto que se congregan en las ciudades donde existe la Fórmula 1. Por ejemplo, Austin, la capital de Texas, inauguró hace un año una pista, El Circuito de las Américas, que congregó a miles de mexicanos que apoyaron a Checo Pérez. Austin ha recibido el beneficio de miles de turistas y la derrama de dinero durante la semana de las carreras.

De lograrse la aprobación de la nueva pista, la carrera mexicana será una de las más importantes, en tanto se celebraría a mediados de noviembre y serviría para definir quién será el campeón mundial de 2014. México estaría presente nuevamente en el automovilismo global.

Además, la industria automotriz mexicana es la segunda después de la petrolera. Fuente de inversión, trabajo, desarrollo tecnológico y exportaciones. Los automóviles pueden conducir a México a mejores lugares.

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

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