Parálisis inquietante

Mientras los republicanos creen que no pasa nada, algunas oficinas de gobierno se ocupan de lo meramente elemental.

Hace dos semanas el gobierno federal de Estados Unidos decidió cerrar su cortina y ocuparse sólo de lo indispensable. Se pensó que sobrevendría una crisis mayor, una catástrofe económica.  Nada de eso ocurre todavía y algunos republicanos —los conservadores más radicales— consideran que es solamente ruido político. El gobierno, dicen, debe reducir la deuda nacional, así sea dejando de pagar, y que no habrá las desastrosas consecuencias con que amenazan los demócratas.

Éstos, encabezados por el presidente Obama, culpan de la parálisis a los republicanos que forzaron el cierre del gobierno. El arma republicana ha sido no aprobar los gastos gubernamentales en tanto no se modifique, retrase o retire la nueva ley de atención a la salud (Obamacare). Obama y sus demócratas no parecen dar su brazo a torcer en su propuesta de salud. 

Además de las señales de inactividad y parálisis gubernamental, el punto crítico es si Estados Unidos estará en la capacidad de cubrir las deudas del gobierno, cuando lleguen los vencimientos. Para los demócratas el incumplimiento de los compromisos del gobierno federal llevaría a una debacle mundial; para los republicanos más duros, nada parece preocuparles realmente, como para dejar de ver la Serie Mundial de Beisbol. 

Ted Yoho, un representante republicano, ha declarado que la economía más grande del mundo (supongo que no habla de China) debería aprender de su experiencia como médico veterinario.  “Si debes dinero lo que tienes que hacer es ir con tus acreedores y decirles que aceptas la deuda, que les vas a pagar, pero no en el preciso momento que ellos digan. Todos lo entenderán”. Tiene, además, otra teoría, la del no hay mal que por bien no venga. Ha dicho que si le dejan de pagar a 500 mil burócratas federales (los que están fuera de la nómina), que no están trabajando, en tanto su trabajo no es esencial, sino que están en sus casas “entretenidos con el Netflix o con otra cosa”, podrá estabilizarse la deuda del gobierno. 

Encuestas recientes muestran que los republicanos están cavando su tumba política. Mientras en noviembre del año pasado, según Gallup, 50% de los encuestados estaría por reelegir a sus representantes contra 30% que no votaría nuevamente por ellos, en una encuesta reciente sólo 25% estaría por la reelección, mientras que 47% la desaprobaría (otro 27% dijo no estar seguro).

Los parques nacionales han cerrado. Se dio el caso de que en una manifestación a favor de la reforma migratoria, en alguno de los jardines de Washington DC (National Mall), que es parque nacional, a la que asistieron varios representantes demócratas (diputados federales) fue disuelta por la policía en un operativo que llevó al arresto de ocho representantes federales con todo y su supuesto fuero. La detención no fue por ejercer su derecho a la libre expresión que garantiza la Primera enmienda de la Constitución de EU, sino por entrar a un lugar cerrado por la cerrazón republicana (valga la redundancia).

Medio millón de personas están sin trabajo a la espera de que recuperen su trabajo y les paguen sus salarios.  La duda es que cómo si no trabajaron se les va a pagar  (dilema parecido a nuestros maestros de la CNTE). 

Mientras los republicanos creen que no pasa nada, algunas oficinas del gobierno que realizan tareas trascendentes se ocupan ahora de lo meramente elemental. Por ejemplo, según The New York Times, dependencias como la Administración de Alimentos y Medicinas (Food and Drug Administration FDA) o el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades decidieron sólo ocuparse de amenazas graves.  Eso ha impedido que la FDA siga con sus rutinas de inspección por todo el país de la industria alimentaria nacional e internacional. Ya surgió una crisis por la aparición de salmonela en 20 estados y Puerto Rico que comprende 300 enfermos.

Los demócratas se valen de todos los recursos y han dado gran publicidad por ejemplo al hecho de que las familias de cuatro miembros de las fuerzas armadas que murieron en Afganistán hace unas semanas no recibirán los beneficios que prevén las leyes ni los gastos de funeral debido a la parálisis que propiciaron los republicanos.

Es claro que se trata de un asunto político; lo que ya no es tan claro es por qué los republicanos tomaron esta bandera que evidentemente les significará un enorme costo político. Tal vez por ello las voces en el Partido Republicano sobre el tema no son todo lo unánimes que los integrantes del tea party quisieran y tenían previsto. 

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

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