El escocés es más que un whisky
Las implicaciones de la eventual independencia escocesa son mayúsculas, pues habrán de incidir en la atmósfera inglesa.
La tendencia del mundo global es hacia la integración de bloques. Se inicia con una cooperación/asociación/integración económica y se va avanzando hacia integraciones monetarias, políticas y culturales. Los bloques son conocidos: la Unión Europea, el TLCAN (NAFTA), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad Económica Africana (AEC) y, entre otras, la chavista Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). No obstante, se presenta también una propensión a la desintegración, fenómeno contrario.
Los casos más conocidos son el de la provincia francesa de Quebec en Canadá, los intentos catalanes y vascos por separarse de España, los valones en Bélgica y el que tendrá su desenlace político exactamente dentro de un año, la independencia de Escocia como integrante del Reino Unido de la Gran Bretaña.
En México nada ha puesto seriamente en duda la integración nacional. Se ha hablado, más bien en lo anecdótico, del espíritu separatista de los yucatecos (“si se acaba el mundo me voy a Mérida”), del Soconusco zona chiapaneca, y en algún momento del movimiento de soberanía oaxaqueña, al iniciarse la Revolución Mexicana.
Los últimos años de Charles de Gaulle, cuando su ego era tan grande que no cabía en el uniforme del general héroe de la II Guerra, hizo un viaje a la provincia de Quebec. Ya había tenido desencuentros con los canadienses. Antes el gobernador general de Canadá había planeado una visita oficial a Francia. De Gaulle se negó a darle el tratamiento de jefe de Estado, en tanto había sido designado por la reina de Inglaterra. Consecuentemente, la visita del canadiense a Francia se canceló. Tiempo después, mientras el general preparaba una visita a Canadá, los canadienses organizaron una ceremonia en un cementerio francés de la I Guerra Mundial. No pidieron permiso al gobierno francés y por si eso fuera poco, invitaron a presidir la ceremonia a Felipe, el duque de Edimburgo, esposo de la reina Isabel.
De Gaulle partió furioso a Canadá. En Quebec, donde existía un movimiento independentista desde 1957, habría de desquitarse del de-saire. En el Palacio Municipal de Montreal pidió hablar desde el balcón. Comparó la bienvenida que le dieron los franco canadienses a las escenas de la liberación de París. Concluyó su encendido discurso con una invitación a la independencia de Quebec. Dijo: “Vive Montréal! Vive le Québec! Vive le Québec Libre! Vive la Canada français! Et vive la France!” La provocación fue el preludio de una tormenta política que encendió los ánimos separatistas de los franco canadienses. Lo menos que hizo el gobierno canadiense fue cancelar las etapas siguientes de la visita del general.
Los españoles consideran que el problema más serio que enfrenta España es la intención catalana de separarse, la que, de lograrse, seguiría la anunciada del País Vasco. La simple enunciación lo dice todo, un país (el vasco) dentro de España.
Escocia ha planteado convertirse en un país independiente. En octubre de 2014, habrá un referéndum sobre la procedencia de la independencia. Las implicaciones son complicadas, pues existe un problema constitucional, en tanto las constituciones sirven para integrar y mantener unida a una nación, no para su desagregación. Habrá que esperar un año para conocer el resultado del referéndum y las consecuencias jurídico-políticas.
Las implicaciones de la eventual independencia escocesa son mayúsculas, pues habrán de incidir en la atmósfera inglesa y en el mundo global. En Gran Bretaña sería un acicate para que la República de Irlanda del Norte, ahora parte integrante de la Gran Bretaña, siguiera los mismos pasos. En Europa sería un precedente para Cataluña o para los valones en Bélgica. La pregunta es si Escocia y llegado el caso Cataluña, formarían parte de la Unión Europea.
La bandera de Reino Unido, que se ve en los coches ingleses de carrera y en las camisetas de los fanáticos del futbol, es una combinación de las banderas de Inglaterra y Escocia. Se le conoce como la Union Jack. Además de ser la bandera de Reino Unido, se le puede ver en un recuadro de las banderas de las que fueron colonias inglesas. De lograrse la independencia de Escocia, se le tendría que quitar el color azul que representa a Escocia. El calificativo de la bandera tendría que cambiar de Union Jack al de Disunion Jack.
El whisky seguirá siendo escocés, a menos, claro, que les parezca mejor el horroroso Bourbon.
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
