¿Llegará el milagro mexicano?
El Pacto por México se convirtió en lugar de entendimientos políticos que parecían imposibles de ocurrir.
Ernesto Zedillo le ganó a Peña Nieto. Me refiero al eslogan político: “Él sí sabe cómo hacerlo”. No obstante, el mensaje revivió en el inconsciente electoral y contribuyó al triunfo del PRI. Esto viene a cuento porque el nuevo gobierno ha dado un giro a la imagen y percepción de México en el mundo. Ahora somos casi lo que soñamos: un país con democracia. Ya cambió el gran reclamo estadunidense a México por falta de democracia, lo que afectaba los negocios internacionales. Deberíamos, no obstante las campanas que ya suenan, ver las cosas con cautela.
Tiene que reconocerse, aun por los más críticos y escépticos, que la eficiencia del gobierno está a la vista. El Pacto por México, que parecía eslogan de campaña, con todo lo que puede ser criticable, se convirtió en lugar de entendimientos políticos que parecían imposibles de ocurrir en el ambiente enrarecido de los gobiernos anteriores. El bache a que con razón fue sometido el Pacto, con el tropiezo de Sedesol en Veracruz, no tuvo mayor impacto en el exterior. Hay que agregar que tanto el PAN como el PRD pusieron de su parte, lo más difícil de ver entre los profesionales de la política: concordia, humildad y la buena fe.
Además de todas las buenas señales mexicanas, particularmente el optimismo económico, el mundo financiero global ha visto emerger una figura desconocida en México como es el “superpeso”. Desde hace meses que el peso se fortalece frente a las monedas duras. Sin embargo, esto que llenaría de orgullo al más nacionalista, como si el prestigio mundial dependiera de la paridad de una moneda, es una ficción. El papel de México en el mundo económico, a menos por el momento, debe ser el de una potencia exportadora. Las noticias de la aparición de un “superpeso” deben por ello verse con cautela. Un peso tan fuerte, de mantenerse la tendencia o de fortalecerse aún más, afectará la capacidad exportadora y turística del país.
No se puede determinar por decreto la paridad del peso. No obstante, fijar las tasas de interés de los valores gubernamentales, que corresponde al Banco de México incidirá en el comportamiento del peso mexicano. Si suben las tasas aumentarán las reservas (más flujo de capitales extranjeros), y aumentará el valor del peso. Si bajan las tasas, perderá valor el peso, pero se fortalecerán las exportaciones. Difícil equilibrio que le corresponde a los expertos del Banco de México, tan reconocidos globalmente por sus capacidades técnicas.
Obama vino a decir que México se ha convertido en una potencia manufacturera, un líder global de la industria, así como de la industria de electrodomésticos, y además un centro de innovación tecnológica. Estas afirmaciones se escucharon en el mundo. El gran éxito de la visita de Obama fue hablar de comercio, educación, economía, nuevas relaciones y dejar a un lado la agenda anterior, la de la ignominia internacional: el desastre de nuestras poblaciones fronterizas, los muertos, las armas, la violencia, la lucha del narco, el crimen organizado.
Las perspectivas de México en el mundo son inmejorables: las reformas en materia impositiva, educativa, telecomunicaciones y energía espoleadas por el segundo capítulo del Pacto harán que el crecimiento del país sea mayor que el del pasado reciente. Mientras funcione la política, la economía seguirá el mismo camino, aunque los datos económicos, los de la macroeconomía, no dicen ni significan nada para la gente.
Todo marcha bien, pero de nada servirá tanta alharaca si no se resuelve el gran problema de México que dejó de ser, aunque esté a la vista, la violencia y secuelas del crimen, sino un terror más grave como lo es la pobreza de millones de mexicanos que siguen como hace decenios a la espera del milagro mexicano. ¿Será que llegará y, si fuera el caso, para cuándo?
