La singularidad de la era Trump
Es quizá la primera vez que Estados Unidos tendrá abiertamente un gobierno conformado por ultrarricos.Pues, quitando a Elon Musk, la fortunade otros de sus funcionarios suma, según la cadena CBS, una cantidad que rozalos 15 mil millones de dólares.
En el ámbito de la física, una singularidad se define esencialmente como un punto en el espacio-tiempo donde las leyes de la física tal como las conocemos dejan de ser aplicables. En términos generales, la singularidad científica denota un punto límite donde los modelos vigentes de comprensión o predicción fallan o se vuelven insuficientes para describir la realidad física o conceptual.
Puede pensarse, por analogía, que ocurre respecto de Donald Trump, y no es de ningún modo exagerado plantearlo así. Un primer elemento que lleva a plantearlo de este modo es que se trata apenas del segundo presidente en la historia de los Estados Unidos de América que es reelegido para un segundo periodo no consecutivo. El único registro previo es el del presidente Grover Cleveland, quien fue presidente en el periodo 1885-1889, mientras que su segundo mandato fue de 1893 a 1897; es decir, tuvo que pasar más de un siglo para que un evento así tuviera lugar.
La segunda singularidad histórica es que Donald Trump será el primer presidente de EU que ha sido encontrado culpable de un delito y, sin embargo, llegue al cargo. En otros casos, aun sin ser procesados y sentenciados, la vinculación a casos de ilegalidades ha llevado a que los presidentes renuncien o enfrenten procesos de una enorme pérdida de credibilidad y confianza. El más famoso es del presidente Nixon, quien renunció debido al caso Watergate; y también el caso del presidente Clinton, quien después del escándalo con Mónica Lewinsky enfrentó serios problemas de gobernabilidad y que, en buena medida, llevó a la derrota demócrata en el 2000 frente a George W. Bush.
En tercer lugar, se encuentra el hecho de que, por primera vez en la historia de EU, un presidente incorpora al considerado como “el hombre más acaudalado del mundo” en su gabinete. En efecto, si bien en la política norteamericana es totalmente normal que empresas y hombres de negocios respalden abiertamente candidaturas, es la primera vez que se da el caso de que alguien con una riqueza de la magnitud de Elon Musk se incorpore como funcionario de un gobierno en aquel país.
Asociado a lo anterior, es quizá la primera vez que EU tendrá abiertamente un gobierno conformado por ultrarricos. Pues, quitando a Elon Musk, la fortuna de otros de sus funcionarios suma, según la cadena CBS, una cantidad que roza los 15 mil millones de dólares. Entre esos ultrarricos están Todd Ricketts (Ameritrade), Betsy DeVos (Amway), Wilbur Ross (WL Ross and Co.), Linda McMahon (CEO de WWE). Otros nombres, menos acaudalados, son los de Steven Mnuchin, Ben Carson, Elaine Chao, Andy Puzder, Stephen Bannon, Tom Price y Jeff Sessions.
Frente a la tradición republicana de nuestro país vecino, esto debe constituir una alerta mayúscula, pues abiertamente estaríamos ante el intento de la consolidación, de manera abierta, de una plutocracia. Y si bien en el capitalismo la alianza entre el poder económico y el político ha sido históricamente simbiótica, estamos ante un hecho que hay una nueva generación de empresarias y empresarios que abiertamente han decidido formar parte de la estructura gubernamental de la mayor potencia global.
En cuarto lugar, es un hecho que Donald Trump es el primer presidente de EU que en los últimos 50 años se presenta abiertamente como racista, misógino, clasista y xenófobo. Valores compartidos por varios de los integrantes de su gabinete, quienes han afirmado que son valores con base en los cuales habrán de tomar decisiones y diseñar políticas y programas.
Las agendas de la migración, el comercio internacional, la política interna, el medio ambiente y la desigualdad estarán tamizadas, mientras estén en sus cargos, por su visión de la riqueza, los negocios, el terrorismo, la seguridad regional y por los antivalores de que hacen alarde, lo cual habrá de influir notoria e inevitablemente en lo que ocurra en nuestro país.
