Es verano y empieza el calor…
De acuerdo con el Sistema Meteorológico Nacional, el mes de mayo resulta ser casi siempre en el que se registra la mayor temperatura media mensual en nuestro país. En niveles más bajos, aunque cercanos, suelen ubicarse los meses de junio, julio y agosto.
Puede tratarse de un asunto de azar, pero llama poderosamente la atención que esos meses son también en los que ocurre un mayor número de homicidios en nuestro país, dato que lleva a recordar la famosísima escena del crimen en la novela de Camus El extranjero, en la que Meursault, el personaje central, asesina a otro hombre por una discusión absurda en la playa. En el juicio, ante el interrogante del fiscal de “¿por qué lo mató?”, la respuesta fue tan dura como simple: “Porque me dolía la cabeza y hacía calor”.
Spike Lee también asocia en una de sus películas el tema del calor con la aparición de fenómenos violentos. Así, en Do the right thing, Spike Lee utiliza al día más caluroso del año, con la anticipación de que algo muy violento y catastrófico está por estallar.
Los datos del Inegi muestran que en nuestro país, entre los años 2000 y 2015, el promedio mensual de homicidios para el mes de mayo es de mil 380 casos, es decir, 22 mil 87 mil homicidios en el lapso considerado; en segundo lugar aparece el mes de agosto, con un promedio mensual de mil 367 casos; le sigue en tercer lugar el mes de julio, con mil 334 casos mensuales, y junio con mil 332 homicidios al mes.
Si se toman en cuenta sólo los datos de 2009 a 2015, que son considerados los más violentos en las últimas tres décadas, se encuentran promedios mucho mayores: en el mes de julio el promedio es de mil 925 homicidios; en junio, de mil 926; en mayo, dos mil un casos y en agosto, el más violento de todos, de dos mil tres casos.
Continuando con las analogías, Jorge Ibargüengoitia tituló a su obra más conocida, como Los relámpagos de agosto. Al respecto, quien haya recorrido el Bajío en ese mes, podrá entender a qué se refería el autor al tomar los relámpagos nocturnos como símil también de la tormenta política que estaba por venir, en el contexto de su novela.
El mes de mayo de 2016 es considerado el más caluroso en la historia del país, desde que se llevan a cabo mediciones regulares sobre el clima. Es también considerado el mes con mayor violencia homicida en lo que va del sexenio. En efecto, según los datos del Inegi, entre los años 2012 y 2015, el promedio mensual de homicidios para el mes de mayo es de mil 945 casos. Mientras que en 2016, sólo en el capítulo de homicidios dolosos por arma de fuego, se han contabilizado mil 891 víctimas, a las que habrán de agregarse las víctimas por arma blanca y otros asesinatos del fuero común.
Puede sostenerse que el ambiente social se encuentra “muy caliente”. Marchas y cierres carreteros como nunca se habían visto en Oaxaca, Chiapas y Guerrero; descontento social manifiesto, hartazgo ante la corrupción, la impunidad, la desigualdad y la pobreza.
Todo lo anterior es signo y síntoma de que la política no está funcionando, pues si de algo debe ser capaz la democracia, es de procesar el conflicto a través de los cauces institucionales.
Debemos, por ello, seguir logrando que las marchas terminen en un templete, que las exigencias puedan resolverse en una mesa de diálogo, y que la aplicación de la “Ley” se lleve a cabo siempre garantizando el Estado de derecho, lo que también significa hacerlo con base en el respeto de los derechos humanos.
El camino de la violencia y de las balas lo vivimos ya en 1994-1995. Los resultados para el país fueron nefastos. Y nadie en su sano juicio quiere vivir otra vez la sensación de incertidumbre y riesgo de aquellos años.
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