Voto, Roth o Los locos somos otro cosmos

Yo voto. No. Somos todos. ¿O sólo yo? Bronco los provocó: tontos, locos, pollos. Toño, docto como pocos, no lo soportó: potro, tosco, bofo. Los otros dos, Blondo y sor Jonrón, con los ojos torvos: No, no, no: soltó sor Jonrón con monótono tono: Dos, son dos, los codos. Yo confronto los horrorosos modos, los dolorosos morbos, lo porno, lo pomposo. Yo, sólo yo. Somos todos, sollozó Blondo. Yo compongo como pocos spot-songs. Yo rompo con los bobos, los colmo, los troncho

No son modos, sopló Toño. Los “pros”, con dolo contó, son costosos, son gordos, son sonoros. Con morbo otro coro soltó: ¡otro spot, otro spot! Toño monologó: Rojos, son rojos, todos, como los Provos. No, no somos Provos, somos colonos, soltó sor Jonrón, donoso. Sor Jonrón contó, con ojos rojos, con sopor, cómo don Ogro, robó oro, voló pomposo como pocos, como Tromp. Sor Jonrón, jocoso como loco, comprobó: nosotros somos los otros, somos montón, no los ortodoxos, no los complots. 

Blondo, como Sol, como foco, ñoño, honroso comprobó: todos: zoólogos, oncólogos, no morosos, todos, somos cosmos. Tosco, mostró honor. Otros, como sor Jonrón, Toño, Bronco, son lo popó, lo moco, lo molotov. Son ron con coco, sotol. Nosotros somos lo Oporto, lo Now. Somos lo Know. Lo boom. Lo world. Somos lo Go on. Lo book. Somos los good. Somos lo God. Blondo, con bolso confrontó, oyó como coro: ¡Bolo, bolo, bolo! Rojo, como fósforo, soltó roñosos: monos, zorros, bobos, tontos…

Bronco cortó lo flojo, lo soporoso, con jocoso color. “Blondo, Toño, sor Jonrón, yo, sólo yo, provocó, los formo, los rollo, los sonrojo. Flotó como mosco. Corvo, Bronco rozó hombros. Convocó como porro o soltó sovoz. Solo, flor, hongo, pozo solo, hoyo, gnomo, rococó: Bronco.

Todos, Toño, Bronco, Blondo, sor Jonrón, codo con codo, foto con foto, con pocos bonos, con pocos logros. Solos, como chopos, como olmos, como lotos. No son otros, son forzoso. No, no somos nosotros, son los otros, Toño, Blondo, Bronco, sor Jonrón, los locos, los zorros, los lobos.

Pronto, otro foro, otro horror.

HASHTAG. Philip Roth (1933-2018). Novelista. Muerto a los ochenta y cinco años a causa de una insuficiencia cardiaca. Su obra no sólo es una exploración, es, sobre todo, una resistencia. El lamento de Portnoy, Elegía, El teatro de Sabbath, Goodbye Columbus, La orgía de Praga, entre muchas otras más. Recibió otros de los premios más señalados como dos National Book Awards, dos National Book Critics, tres PEN/Faulkner Awards, un Pulitzer y un Man Booker International. Hay en Roth mucho de Dostoievski, incluso supera la lujuria con que abisma a sus personajes. Hay algo de Kafka, pero lo adelanta en los sacrificios a los que arroja a sus protagonistas. La obra de Roth es, también, fisura. Con esto quiero decir que parece que no existe la esperanza en sus páginas. Cada hombre y mujer que habita el universo del estadunidense desciende, regresa, no halla una solución. Acaso sea su Trilogía Americana (Pastoral americana, me casé con un comunista, La mancha humana) la mejor exhibición de la obra de Roth. Pero queda también no sólo la literatura, sino su contribución social, su voz en alto, su posición ante las injusticias, el realce judío. Se reconoció como un autor estadunidense, sin máculas, sin posturas separatistas. El Nobel, que ya de nada le sirve, quedó con una deuda impagable. Son escritores como Roth, como lo fueron también Borges, Joyce, Tolstoi, Zola, Woolf, Kafka, quienes hacen grande a ese premio, no viceversa. Junto con Saul Below, John Updike, Malamud, Mailer, Don Delillo, y quizá también Wolfe, Roth fue enorme representante de la literatura norteamericana. En 2010 Philip Roth dejó de escribir, mejor dicho, de publicar nuevas novelas. Se dedicó a leer y, quizá, a la intimidad del diario. Son pocos los locos que leen a Roth, también son pocos los locos que disfrutan de novelas como las suyas. Son pocos los locos que hoy moran en este mundo caótico con la genialidad y rebeldía de Roth. Leerlo no es sencillo, no es refrescante, casi nunca, es incluso odioso: fatiga. Es tiempo de iniciar, o regresar, a su obra.

Escritor

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