Natalia García Freire, como un espejo esta tierra
Nuestra piel muerta se une a un grupo de novelas escritas por jóvenes escritoras ecuatorianas como Nefando, Siberia. Un año después, Sanguínea, entre otras
Recién aparecida el año pasado, la novela Nuestra piel muerta es la ópera prima en este género de la joven escritora ecuatoriana Natalia García Freire.
La vida del niño Lucas se ve fisurada por la intromisión de dos hombres, Eloy y Felisberto, en su mundo familiar. El aprecio que el padre de Lucas siente por ellos contrasta con el desprecio que su madre, Josefina, les profesa. Una vez muerto el padre, y la madre obligada al aislamiento, Lucas es lanzado de su casa, pero regresa para ver su casa tomada, al padre sepultado en el jardín y el deterioro de su propio tiempo interno.
Hasta aquí, esto sólo es una breve sinopsis de la novela. Lo realmente fascinante es la geometría edificada por el lenguaje poético, la intertextualidad con Casa tomada, de Julio Cortázar, y En el corazón del corazón del país, de William Gass, así como el tono confesional, casi de diario, de la autora.
Me sorprendió el gran registro poético que hallé en esta obra, la fuerza metafórica que tiene García Freire para enunciar una verdad recién descubierta. El regreso del hijo, no para cobrar venganza por el padre, sino para confrontarlo a mitad de un jardín, mientras escudriña por la ventana a los intrusos, quienes comen en los mismos platos que un día lo hizo su familia.
Es justo en ese naufragio de enfrentar al padre, de recriminarlo, donde la voz de Lucas se ve expuesta a los ecos poéticos.
Al narrar parado en la infancia, su infancia misma es un acto de revelación. El lenguaje, hecho de voces y nombres de artrópodos, da gran musculatura, por sonoro, inusual y genuino.
Acaso el mayor riesgo de esta novela es que la voz de Lucas, quien siempre aparenta ser un niño, suene falsa, es decir, que no represente su edad debido a estar hecha con una reflexión muy honda. Creo que lo salva muy bien la autora al dotarlo de un ir y venir en el tiempo, en el recuerdo, en la acción ya pasada por el filtro de la memoria. Ahí, resuelve bien la autora, con la precisión que da la reescritura.
Los vasos comunicantes con Cortázar y Gass son evidentes a primera vista para el lector atento. La presencia de Felisberto y Eloy (quizá Felisberto Hernández y Eloy Tizón también) es un guiño a los seres que toman por asalto el cuento de Cortázar. Con Gass, de ese fascinante libro de relatos que es En el corazón del corazón del país, sobre todo el tema de los insectos, la relación es en el lenguaje. No sorprende, entonces, debido a las referencias cuentísticas, que cada capítulo de la novela pueda leerse como un relato.
Nuestra piel muerta se une a un grupo de novelas escritas por jóvenes escritoras ecuatorianas como Nefando, Siberia. Un año después, Sanguínea, entre otras, y a apellidos como Ojeda, Alcívar Bellolio, Ponce, quienes están escribiendo la más destacada narrativa del Ecuador.
En próximas colaboraciones publicaré la entrevista que tuve con la autora, donde detalla el proceso creativo, analiza su propia novela y ofrece su mirada sobre lo que ocurre en la literatura contemporánea.
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HASHTAG
Imposible aislarse de la realidad. El coronavirus surte efecto de guerra mundial. Sus dimensiones quebrantan las fronteras porque ha obligado a cerrarlas.
Quien diga que no estamos en estado de sitio no quiere ver su entorno: clausurados aeropuertos, vigiladas las líneas divisorias, tapiadas las ventas. No podemos salir (mejor que no lo hagamos). El peor enemigo, el otro, aquel que tose, que estornuda, que se sorbe los mocos.
Da temor enfermarse porque puede ser la muerte, pero también que lo sepan los demás, porque es un estigma. Lanzan insultos y si es necesario matar, alguien, en algún momento, lo hará. Entonces, paciencia. Eso que nadie sabe qué es cuando ha pasado un mes y faltan algunos más puertas adentro.
Esperanza, para otro momento, no por ahora.
Vaya, pues, mi respeto y admiración al personal de la salud y las familias de quienes hoy han muerto, de quienes hoy están en fila india a las afueras de una clínica.
Mi abrazo a mi familia y amigos.
