Los cínicos no sirven para este oficio

Decía Kapuściński en este libro que “nuestra profesión (el periodismo) necesita nuevas fuerzas, nuevos puntos de vista, nuevas imaginaciones […] El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquél que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio”

Viene a cuento el libro de entrevistas sobre periodismo a Ryszard Kapuściński hechas por Maria Nadotti por dos actividades que deseo tratar: la lectura y el oficio periodístico. Abriré este breve paréntesis de mi ruta de viaje por la obra de escritoras latinoamericanas para pensar tanto en el oficio periodístico como el hábito de lectura.

Leer es arduo. Una lectura comprometida lo es más. El cinismo ante la lectura es el mismo cinismo ante nosotros. Un lector desinteresado o pretencioso resulta ingenuo e inofensivo. Ayer se celebró el Día Mundial del Libro, una chapucería más para incentivar la compra de libros, que no la lectura. Y debe quedar claro, no es lo mismo. Y yo no soy de los que estigmatiza a los lectores por sus lecturas (eso ya viene después, en otro análisis): cada lector es responsable de su aprendizaje y de la necesidad de ficción o realidad que busca en un libro.

A lo largo de mi vida he coincidido con lectores voraces, otros más agudos, algunos más, sólo de ocasión. Se lee poco en México, quizá. O mejor dicho, ¿se compran pocos libros en cadenas comerciales en México? Y vuelvo, no es lo mismo. Un libro sigue siendo caro. Ahora, a iniciativa del FCE, se han bajado los precios de muchos libros, precios módicos realmente. ¿Un golpe para la industria editorial y para los creadores? Supongo que sí, y es duro el impacto. Pero habrá que pensar, ¿esos libros a buen precio son las lecturas que quiere hacer la gente, son los autores en los que está interesada la mayoría en México?

En fin, no quiero desviarme. El mercado de libros no es lo mismo que la lectura. Los lectores con los que he tenido oportunidad de tratar son bravos, no le dan concesiones al autor. Pelean. Y, sobre todo, son constantes. Leen por el gusto inusitado de reinventarse. Y a la mente me vienen los nombres de Paola Ramírez Martinell, Alejandro Espinosa, Analía Ferreira, Daniel Saulés, Ricardo Sevilla, Héctor Iván González, Eduardo Parra, Guillermo Salgado, Juan Carlos Talavera, Virginia Bautista, Aline Pettersson, Ana Jasso, Martha Rojas, Víctor Torres, Héctor y Alejandro Baca, Fernando Islas, Alejandra Escartín, Jorge Lázaro, Christian Peñaloza, Joana Medellín, Ramiro Puertas, Arturo Reyes, y tantos más.

Y gracias a ellos he (re)leído a autores como Saul Bellow, Rubem Fonseca, Jorge López Páez, Julio Ramón Ribeyro, Virginia Woolf, Michael Ende. La lectura es un asunto de honestidades, de tête-à-tête.

¿Y el periodismo? Bueno, pues aquí entra, en esa misma categoría de honestidad, el periodista. Decía Julio Scherer que no hay persona más libre que el periodista. Eso es un anhelo, al menos así lo considero. Hace unos días, el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió una vez más confrontar a la prensa. No es un acto esporádico, pero tampoco es un acto reflexionado. López Obrador es un político de muchas vísceras. Es explosivo, es un presidente a botepronto, pero que después se arrepiente, aunque no lo reconoce, y busca el “amor y paz”. Y quiero dejar claro, no me interesa analizar su labor como mandatario. Eso se lo dejo a otros, que ya hay muchos.

Pues bien. Decidió nombrar a algunos periodistas. Le puso nombre a su reclamo. Decía Kapuściński en este libro que “nuestra profesión (el periodismo) necesita nuevas fuerzas, nuevos puntos de vista, nuevas imaginaciones […] El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquél que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio”.

El periodista polaco consideraba que para ser buen periodista se debe ser, en primera instancia y esencialmente, buena persona. Aquí, en el terreno de moral, no puedo estar de acuerdo con él. ¿Por qué? Por el eterno lugar común de preguntarse “bueno para quién”. A López Obrador no le falta razón al decir que hay un periodismo que critica, y fuerte. Tampoco que existe un periodismo que apoya, y fervientemente. Me sorprende que le sorprenda al Presidente. Históricamente, también lo apunta Ryszard, hay dos trincheras periodísticas. Más allá de informar, los medios, mejor dicho, los líderes de opinión, tienen un perfil político, y los hay de diversas caretas. No reconocerlo también es un acto de ingenuidad.

El periodismo, en su teoría, siempre será informativo. Ésa es su función. Se dice que da a conocer aquello que no se quiere dar a conocer. Decir que también calla es una obligación. El periodista es un investigador, un ser oculto, con el riesgo que esto implica. El caso de Watergate es mi mejor ejemplo de un trabajo de investigación. Creo que debe quedar claro que ni el periodista ni el lector pueden ser pasivos, va contra su genética. Ambos emprenden la batalla.

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