Giovanna Rivero, calibración cuidadosa de las intensidades
Ese proceso celular que significa ir hacia el morir lo analiza la autora mediante reflexiones muy finas, aquí es donde se entreteje su ojo poético, pues Giovanna cavila sobre asuntos sumamente complejos, como la vejez, la maternidad, la violación, con enorme sencillez
Entrar al universo narrativo de un libro de cuentos impone el reto de habitar diferentes espacios, ambientaciones distintas y conflictos enfrentados de diversas maneras. Es cierto que el lector siempre halla uno especial, ese relato con el que siente a gusto o se ha identificado o, de plano, envidia la construcción y resolución. Con Tierra fresca de su tumba, el reciente libro de cuentos de la autora boliviana Giovanna Rivero, me ocurrió, sobre todo, lo último.
Se dice aquí en México que sólo hay una clase de envidia, la que es corrosiva y adversa. Sin embargo, en mi caso ocurre que esa envidia se patenta de la emoción y la admiración. Si bien es cierto que me han gustado más algunos cuentos (La Mansedumbre, Tez, tortuga, buitre, Socorro y Piel de asno), el conjunto es orgánico, pues cada cuento es un vaso comunicante, cuyo zurcido tiene como material la muerte y ese complejo proceso hacia y desde ella.
El cadáver y su metamorfosis.
Cuando charlé con la autora, coincidimos en algo: sus personajes sufren una transformación, no sólo física, sino también mental y sicológica. Todos sus protagonistas, personajes en proceso de cadaverización, son entes que circundan la muerte, unos a través de una nueva vida, como un embarazo producto de una violación, y esa decisión de tener o no al hijo, o desde la confrontación al caníbal que se ha comido a tu hijo en medio de un naufragio, como sucede en Pez, tortuga, buitre.
Ese proceso celular que significa ir hacia el morir lo analiza la autora mediante reflexiones muy finas, aquí es donde se entreteje su ojo poético, pues Giovanna cavila sobre asuntos sumamente complejos, como la vejez, la maternidad, la violación, con enorme sencillez.
En Socorro, por ejemplo, una mujer es un cuerpo amorfo, cuyo acto reflexivo se sustenta en la memoria. Este personaje, evidentemente dañado física y mentalmente, sólo es capaz de guiarse por las intuiciones, y es ahí donde confronta a la protagonista, quien es la voz narrativa: lo oculto del pasado resurge (la memoria, otro cadáver en transformación) para evidenciar aquello que no se quiere pronunciar.
Una familia, todas las familias
Un rasgo en común tiene cada familia del mundo: todos llevan dentro de sí una historia digna de contar. En otras palabras, cada familia es una novela. En el caso de Rivero, un cuento. Las preguntas de quiénes somos, de dónde venimos o por qué actuamos como lo hacemos, pueden responder, en parte, si volteamos a ver a nuestros padres, abuelos y hermanos. En La mansedumbre, por ejemplo, una niña entiende que fue violada sólo después de comprender su entorno, su relación con su familia y su comunidad, la de menonitas en Bolivia. Por qué actúan como lo hace, y a que debe recurrir la protagonista para transformarlo, ése fue el reto de la autora. En este cuento, un agente externo decodifica toda la concepción del mundo para la joven protagonista.
El cuento
El cuento es un género donde no existe, no debería existir, los ripios. El espacio donde todo ocurre es limitado y la historia no se extiende más allá de las fronteras mismas de una persona, sus alrededores. El cuento, a decir de Rivero, es una calibración cuidadosa de las intensidades, la cual me parece una definición exacta.
Cada cuento de Tierra fresca de su tumba es una práctica de esgrima entre lo físico y lo sicológico, entre personajes y ambientes provincianos de Bolivia, es volver a las raíces, familiares, sociales, naturales. Después de una incursión por la novela (otro oficio narrativo), Giovanna vuelve con un libro de cuentos precisos y atormentados, caóticos, pero hermosos en sus facciones cadavéricas, con trazos de humor negro, anclados en raíces tribales.
Con este libro, cuya edición impresa en medio de la pandemia la autora la considera un acto realizado por personas al borde de la locura, bajo el sello argentino Marciana posiciona a los autores bolivianos contemporáneos como cuentistas muy eficaces y solventes. Y como muestra, no sólo Giovanna, sino también Liliana Colanzi, Magela Baudoin, Maximilano Barrientos, Claudia Peña, entre much@s otr@s.
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