Gabriela Alemán, habitaciones blancas llenas de aullidos

En Humo, Alemán analiza desde todos sus personajes, no sólo los protagonistas, la Guerra del Chaco, disputa entre Paraguay y Bolivia, o la mítica guerra de la Triple Alianza, aquel enfrentamiento entre Brasil Uruguay y Argentina contra Paraguay.

                El mundo gira dos siglos y cierra los ojos

 

Gran parte de la obra literaria de Gabriela Alemán (Río de Janeiro, 1968) tiene como punto de encuentro la historia y la atmósfera de Paraguay, país en el que vivió en la adolescencia. Justamente es lo que sucede en Humo, su última novela hasta el momento. En esta historia, de elipsis y saltos temporales, se cuenta sobre dos personajes centrales: Andrei y Gabriela, unidos desde una distancia a veces memoriosa, otras mediante las astillas luminosas del lenguaje.

La historia de América Latina podría sintetizarse con un epitafio, breve, sin posibilidades de malinterpretación o doble sentido: Dictadura. La de Paraguay no se escapa, por supuesto. En Humo, Alemán analiza desde todos sus personajes, no sólo los protagonistas, la Guerra del Chaco, disputa entre Paraguay y Bolivia, o la mítica guerra de la Triple Alianza, aquel enfrentamiento entre Brasil Uruguay y Argentina contra Paraguay. Pero también, y con un ojo muy crítico, da un repaso por la dictadura de Alfredo Stroessner. Hasta aquí, la novela tiene ese perfil latinoamericano, de las exitosas obras del boom.

Pero sería injusto decir que así se queda, que en ese espacio tan amplio se encuentra la obra. Ahora, viene la intimidad, primero espacial. La protagonista, Gabriela, vuelve a Paraguay. Se instala en la casa que fuera de Andrei, ahí justo es donde inicia el relato y la acción de ella, pues en esta casa comienzan a suceder hechos fantásticos, nacidos de cierta somnolencia, de un letargo acumulado como el polvo. Era, esta casa, esa habitación blanca llena de aullidos, como diría Sylvia Plath en su poema Tres mujeres.

Es aquí, en esta intimidad del duermevelas, del recuerdo, de la nostalgia por un encuentro, por una amistad, por un éxodo (otro gran tema de la novela, la inmigración), donde se centra la gran calidad literaria de la escritora ecuatoriana.

Ambas historias, la de Gabriela, en un presente, la de Andrei, en el pasado, son contadas por un narrador omnisciente, quien se da licencias para escudriñar por los pensamientos y sentimientos de los personajes, es un narrador con muchas intervenciones, un testigo entrometido, incluso, pero capaz de ver los espacios más mínimos. Ahí, en la narración, en el punto de vista, radica un gran acierto: da libertad a los personajes para actuar más cómodamente, ya que el encargado de contar es otro, un francotirador.

Ganadora del Premio Joaquín Gallegos Lara en 2017, otorgado por el municipio de Quito, Ecuador, Humo se puede entender como el rescate de las fronteras, físicas y lingüísticas, pues recupera una cartografía de Paraguay (pero también de Latinoamérica), así como el guaraní. Aquí conviven las distancias, la polarizada idea del extranjero ante el nativo, del colonizador español frente a lenguas autóctonas, algunas veces perdidas y menospreciadas.

Ese ritmo que Alemán impone en la obra, marcado por una constante puntuación (sobre todo punto y seguido), es francamente acelerado. Es una respiración rápida, acorde a como parece que vive Andrei, a salto de mata: recorre a pie un poblado, para después abordar un barco, luego subirse en un auto, bajar y volver a caminar. Además, de todas las confesiones y acciones políticas. Por su parte, Gabriela, con ese miedo que le sube como araña en esa casa, que pareciera tener un secreto enterrado muy adentro.

Autora de los libros de cuentos Maldito corazón, Zoom, Fuga permanente, Álbum de familia, La muerte silba un blues (también ganador del Premio Joaquín Gallegos Lara, y del cual me encargaré en otro momento), así como de novelas como Body Time y Poso Wells, Gabriela Alemán es un referente de la literatura ecuatoriana, quizá una de las primeras novelistas en ese país en confrontar, en ser muy original en su manera de expresarse, de posicionarse ante la crítica y los halagos, ya que no es una mujer que esté detrás del aplauso.

Aquí mi primer acercamiento con la literatura ecuatoriana, con una autora más bien Latinoamericana (si nos basamos en su obra), pero estoy seguro es parte del nuevo oleaje de narradoras en ese país.

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