Claudia Peña Claros, tiempo antes del abismo
“Tenemos pies y avanzamos, pero sin saber cuál es la ruta, ni a dónde nos dirigimos. Qué sentido tiene voltear a los costados para prevenir el ataque de algún tigre, o escudriñar entre las hojas, ¿acaso nosotros sabemos mirar en este mundo palpitante?”.
Entrar al universo narrativo de Los árboles (Editorial El cuervo, 2019), el más reciente libro de cuentos de Claudia Peña Claros (Bolivia, 1970), impone un estado de alerta constante. Sus personajes, al acecho, son seres atormentados, mejor dicho, fracturados tanto física como emocionalmente. Cada uno de los cuentos que componen todo el ecosistema es una metáfora de la supervivencia, ese justo momento antes de lanzarse al abismo.
Debo confesar que tengo mis preferidos, Destello, Cuarto, Bosque, El dios. Estos son los relatos que más me han atraído debido a su capacidad de mantener una tensión dentro de la historia. Todo lo que ocurre en estos arcos dramáticos acontece en espacios mínimos, asfixiantes, pero no sólo es el encierro ambiental, sino también la cerrazón del cuerpo, de la mente, el aislamiento de “haber estado abajo en medio de la oscuridad”, como lo dice la voz que cuenta El dios.
Todo lo que bosqueja Peña Claros en estas narraciones tiene el perfil de la desesperanza. “Tenemos pies y avanzamos, pero sin saber cuál es la ruta, ni a dónde nos dirigimos. Qué sentido tiene voltear a los costados para prevenir el ataque de algún tigre, o escudriñar entre las hojas, ¿acaso nosotros sabemos mirar en este mundo palpitante?”. Es precisamente en esa palpitación, ese segundo fugaz, pero contante, de alerta, de temor, donde se halla la mejor Claudia Peña, en donde el lector alcanza a congeniar con ese dolor que la escritora cruceña muestra al desdoblarse en múltiples personajes que tiene un rostro semejante.
Tras la huella de Virginia Woolf
“Los árboles, que todo lo ven, parecían suspendidos en el aire ¿sienten apego los árboles? Cuántos años habrán tenido… pero los árboles son del cielo, y lo que pasa a su sombra es para ellos irrelevante, aunque sea un hombre el que pugna por respirar y levantarse y gritar/ ya estaba todo roto, pero él no lo sabía".
En Claudia se halla una doble filiación a Virginia: 1) su capacidad (y necesidad) por describir. Son constantes los momentos en que los personajes o narradores de Peña Claros ejercen de pintores, de costumbristas, quienes dan un panorama muy preciso del entorno;
2) Existencialismo. Esta es la hipótesis más arriesgada, unir la narrativa de Virginia y Claudia al existencialismo. Me es imposible no encontrar en los personajes de ambas autoras una complejidad por la existencia, por vivir. Las y los protagonistas de Claudia siempre están en constante preguntar, aunque son respuesta, sobre sí mismos, y son capaces de ver en el extrañamiento una forma de vida.
Aunque las atmósferas que envuelven a los personajes de sendas obras son distintas, pues de la Claudia nace de la costa, acaso calurosos, húmedos y sofocantes, en ambas hay la paciencia de describir, con detalle, no importa si una imagen dura algunas páginas. Así es como este libro podría estar habitando la literatura de finales siglo XIX y principios del XX.
Nombrar el mundo (de nuevo, con Woolf)
Al nombrar cada cuento con un sustantivo (Cuarto, Bicicleta, Niño, Cosas, Mundo, Destello), Claudia intenta nombrar el mundo para mejor entenderlo. Y esto es una labor de la poeta, la que evoca, la que trae a la memoria un instante, la que perfora la inconsciente de un hombre a punto de morir, que lanza una luz dentro de un cuarto y visibiliza el polvo, los rincones, los recuerdos. No sé si con este libro de cuentos la escritora boliviana intentó alcanzar un nivel poético, pero entrelaza un lenguaje sencillo, pero muy efectivo.
Aquí es otro aspecto que la hermana con la escritora inglesa. Basta ver los cuentos y relatos de Woolf para apreciar que también ella era dada a nombrar sus cuentos con sustantivos: Retratos, El balneario, El reflector, Una sociedad, Un resumen, aunque a ella le agregara un indeterminado.
Poeta, cuentista, novelista e investigadora, Claudia Peña Claros también es autora del libro de cuentos El evangelio según Paulina, Que mamá no nos vea y de los poemarios Inútil ardor y Con el cielo a mis espaldas, así como de la novela La furia del río. Cabe mencionar que el cuento Destello, incluido en este conjunto, fue ganador del Concurso Municipal de Literatura Franz Tamayo 2016.
Puedes seguirme a través de Facebook en https://www.facebook.com/marioalberto.medrano.3
