¿Gobierno de coalición?
Como es natural en un sistema presidencial, la discusión pública se centra en las preferencias, propuestas y proyecto de gobierno planteados por los candidatos a la Presidencia. Pero, por fortuna, vivimos en un sistema en el que otras instituciones tienen la posibilidad de actuar como contrapeso a quien sea que resulte ganador el 1º de julio, particularmente el Congreso
Las encuestas sobre la futura composición del Congreso son más imprecisas que las de presidente. La gran mayoría de ellas auguran que, por octava vez consecutiva, México tendrá un gobierno sin mayoría. La diferencia en esta elección es que, por primera vez, la “izquierda”, o sea la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES), encabezada por López Obrador, podría ser la primera minoría en ambas cámaras o, incluso, la fracción mayoritaria.
El voto diferenciado —cruzar la boleta a presidente por el candidato de un partido y la de legislador por otro con el fin de no otorgar a una sola fuerza política todo el poder— alcanzó en las elecciones presidenciales pasadas el 5%, pero es difícil predecir qué ocurrirá en la del 1º de julio. En la encuesta de Reforma (03-05-18) el voto diferenciado marca 6%, pero aun así la coalición encabezada por Morena alcanzaría 42% para la Cámara de Diputados. Si logra 167 curules de mayoría, 42% sería suficiente para tener mayoría absoluta por la regla de sobrerrepresentación vigente. Añádale que si AMLO gana es probable que varios legisladores del PRD, e incluso del PRI, se vayan a engrosar la bancada de Morena.
El voto diferenciado no sólo es una manera de hacer valer los principios de división de poderes y contrapeso al poder presidencial, es también un mandato para negociar, para hacer política mediante acuerdos.
Desde la reforma política de 2014, la Constitución admite la posibilidad de constituir un gobierno de coalición independientemente de que el candidato/partido ganador obtenga o no la mayoría en el Congreso: es facultad del Presidente “optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión” (art. 89). Según la propia Constitución, “el gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. En este caso, correspondería al Senado “ratificar los nombramientos… de los secretarios de Estado con excepción de los titulares de los ramos de Defensa Nacional y Marina; del secretario responsable del control interno del Ejecutivo Federal; del secretario de Relaciones…” (art. 76). Recuérdese que el secretario de Hacienda debe ser ratificado por la Cámara de Diputados independientemente de si hay o no gobierno de coalición a partir del 1º de diciembre de 2018 (at.74).
Constituir un gobierno de coalición es sólo una posibilidad, no una obligación. Una alternativa que abre la opción al partido del Presidente de llamar a la construcción de una alianza para formar un gobierno de mayoría que, teóricamente, incremente la posibilidad de empujar un programa político sin que encuentre mayores obstáculos en el Congreso. En caso de elegir esta opción, al partido del Presidente se le imponen ciertas restricciones. ¿Quién estaría dispuesto a experimentar con esta nueva figura?
Quizá ni siquiera lo necesite, pero por sus declaraciones y su proyecto de nación es muy poco probable que AMLO lo haga. Los otros dos candidatos y los partidos que los apoyan han sido declarados no sólo como “más de lo mismo”, sino como integrantes de la mafia en el poder. Salvo la inexplicable alianza conocida como “PRI-MOR” para aprobar la Ley General de Comunicación Social y la negativa de los senadores de Morena y PT para abandonar la sesión plenaria del Senado y romper el quórum para impedir el nombramiento de los dos comisionados del Inai, no se ha visto la colaboración de estas dos fracciones. No veo a AMLO sacrificando sus facultades presidenciales para nombrar a los secretarios de su elección ni sometiendo su programa a aprobación del Congreso.
Hasta el momento, solamente la coalición Por México al Frente ha planteado su compromiso de erigir formalmente un gobierno de coalición. El quid es que, si las preferencias siguen como hasta hoy, difícilmente la conjunción de legisladores del PAN-PRD-MC sería suficiente para alcanzar la mayoría y necesitarían al PRI o a una fracción del mismo. ¿Qué dirá Anaya de aliarse con el PRI cuando lo ha declarado su enemigo?
En realidad, la figura de gobierno de coalición quita más de lo que da. Restringe al Presidente y a su partido sin dar seguridad de la permanencia del compromiso porque los gobiernos de coalición pueden disolverse en cualquier momento y a elección de cualquiera de los partidos que lo conforman. De hecho, desde el gobierno de Salinas este país ha sido gobernado por una alianza entre el PRI y el PAN si no de jure, sí de facto. ¿Tendremos por primera vez en siete legislaturas y cuatro presidencias un gobierno de mayoría? El problema es si no llega el candidato de Por México al Frente. ¿Le alcanzarán los legisladores a Morena para pasar sus iniciativas, incluido el presupuesto? ¿Y si no?
Investigadora del CIDE
Twitter: @amparocasar
