“Todos los días son días de muertos”

En 2021, 8 mil 432 personas se suicidaron en el país.

Todos los días son días de muertos. La muerte acecha y seduce las mentes de muchos mexicanos. Si la segunda causa de muerte en nuestro país, de acuerdo con la OMS, es el suicidio, podría asegurar que el arma homicida es el silencio. Hemos buscado, como mexicanos, pretender que la sangre con la que se viste México es parte de un disfraz y la salud mental, un mito. 

De acuerdo con el Inegi, el número de suicidios en 2020 fue de 7 mil 896, mientras que para 2021 creció al llegar a 8 mil 432. Por otro lado, la Encuesta Nacional de los Hogares indica que, en 2014, 33.2% de la población de siete años en adelante ha sentido depresión y un millón 590 mil 583 mexicanos sufren de algún problema o condición mental.

 Puede parecer extraño pensar que la información no es nueva, pero lo cierto es que no se han abierto espacios de concientización ni se ha ofrecido la atención necesaria a las enfermedades mentales y así disminuir la tasa de suicidio. Esto se explica con una palabra propuesta por el sociólogo Erving Goffman: estigma.

El estigma es un concepto que en términos de relaciones representa el rechazo y la exclusión del entorno social, por cuestiones físicas, psicológicas o sociales. El peligro de esta palabra es que tiene consecuencias reales, tangibles y negativas.

México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en cuanto a estigma y discriminación de los enfermos mentales, lo cual no sólo quiere decir que existe un ambiente de temor, repulsión y hasta odio en contra de las enfermedades mentales, sino que se ve representado en múltiples aspectos. Por ejemplo, ocho de cada 10 mexicanos que padecen alguna condición mental son ignorados y marginados, esto es que sólo 2% obtiene atención, pero eso no implica que reciba el tratamiento adecuado.

Este estigma repercute en los pacientes, pero, además, también en el personal médico. En México hay 3.68 expertos de la salud mental por cada 100 mil habitantes y pese a la falta de profesionales en el área, de acuerdo con el INPRF, menos de 2% de los estudiantes de medicina escoge esta especialidad. Mientras que 60.3% de la totalidad de psiquiatras se encuentra distribuido únicamente en la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara y sólo mil 440 trabajan para el sector público.

Sumado a esto, la mitificación de la salud mental ha propiciado que el estigma derive en falta de atención pública, ejemplo de ello,  el presupuesto, que en este sexenio ha disminuido siendo menor al destinado de 2013 a 2018 (a excepción de 2017). No olvidemos que recientemente hemos atravesado por una pandemia en la que la depresión y la ansiedad vieron un aumento aproximado de 25%.

Dicho lo anterior, quisiera recalcar que el peligro principal del estigma no recae únicamente en el rechazo y la exclusión, sino que se encuentra en la pretensión del bienestar, en la libre elección de la ceguera y en el supuesto de la “no incumbencia”. Es inútil creer que son casos aislados, que el que incumba a la mayoría no significa que deba ser importante para todos. Haciendo referencia a Erich Fromm, “el individuo no percibe su defecto, si su seguridad no peligra por sentirse diferente, marginal”, debemos comprender la fuerza que tienen la estigmatización en cuanto a la connotación negativa que un individuo puede percibir de sí mismo; es decir, cualquier persona que sufra de alguna condición mental no lo percibirá como defecto, sino es a través del estigma.

Además, citando una vez más a Fromm, es fuerte, pero cierto, que toda sociedad crea sus propios antídotos que le permiten a los hombres “vivir sin enfermarse”, esto es, pretendemos que la sangre es parte del disfraz y mitificamos la realidad para alienarnos, “crear un antídoto” y pensar que tal vez, si no volteamos a ver el problema, logremos jugar sin ensuciarnos y vivir sin enfermarnos.

Es inútil, todos somos víctimas de nuestro tiempo, todos somos parte y solución del problema, voltear a otro lado no te hará libre, pero si condenará la posibilidad de muchos.

El Día de Muertos, que las calles se llenen de flor de cempasúchil sembrada con consciencia.

Que las calles se llenen de cempasúchil y el recuerdo de los 16 jóvenes que fallecen cada día a causa de suicidio. Que las calles se llenen de cempasúchil y tal vez el alma de nuestra sociedad pueda volver a nosotros.

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