Masha Amini: ¿el principio del fin de la opresión?
Masha Amini fue detenida en Irán por no llevar bien puesto el velo el pasado 13 de septiembre. Unas horas después de llegar a la comisaría entró en coma y tres días más tarde había muerto, bajo la declaración de un paro respiratorio inesperado. Muchas ...
Masha Amini fue detenida en Irán por no llevar bien puesto el velo el pasado 13 de septiembre. Unas horas después de llegar a la comisaría entró en coma y tres días más tarde había muerto, bajo la declaración de un paro respiratorio inesperado. Muchas asociaciones salieron a decir que su muerte fue provocada por una paliza y malos tratos policiales. El escáner mostraba fracturas y hemorragias, además, el tejido cerebral se veía aplastado.
Este caso, sumado a muchos otros, conmocionó a la ciudadanía iraní, desencadenando una serie de protestas en contra de las leyes que oprimen a la mujer y satanizan un símbolo tan importante y robusto como lo es el hiyab.
Al 25 de septiembre se habían reportado 41 muertes a causa de las protestas y 763 manifestantes detenidos, pese a ello, Ebrahim Raisi, presidente de Irán, ordenó actuar de manera decisiva.
La noticia corrió con rapidez y surgieron protestas en otros lugares del mundo. Se convirtió en una lucha con tintes occidentales contra la religión y el uso del hiyab, como mera opresión, sin considerar factores fundamentales, cayendo en discursos peligrosos, desinformados y de fomento al odio, tanto hacia el islam, como a la cultura musulmana.
Las líneas de discusión son muy delgadas. Una línea que divide al Estado de la religión, aquella entre protección de los derechos de la mujer tomando en cuenta contexto y un feminismo hegemónico occidental que, muchas veces, no representa la lucha de muchas.
La religión es vista como el principal opresor de los derechos de la mujer, sin embargo, debemos tener cuidado con el mensaje de odio que yace en dicha afirmación. No olvidemos que fue la policía en nombre del Estado la que cometió el crimen de Masha. El islam como otras religiones tienen sus aristas, así como practicantes laxos y otros ortodoxos.
Hay grupos que en nombre de la religión —por sus interpretaciones— violan derechos humanos, pero el otro lado de la línea, el Estado es responsable de casos como el de Masha.
El Estado, según Max Weber, se entiende como “la institución que posee el monopolio legítimo de la violencia” a través de las instituciones; así, tiene la facultad de autorizar el uso de la fuerza pública en situaciones que considera perturban la paz o ponen en peligro a la sociedad. Pero el fin debe ser conservar el Estado de derecho. En Irán, el Estado sometió a Masha bajó la fuerza y violó sus derechos fundamentales en lugar de salvaguardarlos.
Tenemos una imagen distorsionada del hiyab, se le ve como un símbolo de opresión. Esta afirmación es desinformada y anticultural, pues el hiyab es, para muchas, clave de su identidad musulmana. Para otras es una forma de rechazar la globalización cultural. También representa la idea de pureza e integridad. Incluso es una moda que no interfiere con las tradiciones. Aunque en occidente se niega el uso del hiyab, para las mujeres es libertad y un símbolo que más que oprimir, las representa. Inclusive hay organizaciones que defienden la libertad de llevar esta prenda sin que sean rechazadas.
El peligro entra cuando los gobiernos en lugar de fomentar la libertad de elección y de expresión, legitiman el uso del velo limitando los derechos de la mujer y las somete a leyes irracionales y violentas. En Irán, las leyes sobre el uso obligatorio del velo incluye a niñas desde los siete años, si no lo portan, el Estado las consideradas delincuentes. Los castigos: detención, pena de prisión, multas o latigazos
Muchas mujeres dicen que “el feminismo no las representa”, pues no se concibe dentro del feminismo hegemónico occidental que una mujer decida libremente usar el velo y ser musulmana. Es imprescindible dejar de fomentar discursos anticulturales, antirreligiosos y de odio contra un símbolo que representa a muchas.
No desviemos la discusión de lo realmente importante, el Estado debe proteger los derechos de la mujer. No seamos nosotros quienes discriminen y limiten esa libertad de elección ni satanicemos símbolos que tienen más peso e historia de lo que pudiéramos imaginar.
