Estados Unidos y México: y el Oscar es para…

La política tiene, de manera inherente, un componente teatral, se disfraza en nombre del poder y se retroalimenta de él a partir de la aprobación del espectador frente al arte del entretenimiento. Balandier, sociólogo francés, en El poder en escenas, diagnostica que la ...

La política tiene, de manera inherente, un componente teatral, se disfraza en nombre del poder y se retroalimenta de él a partir de la aprobación del espectador frente al arte del entretenimiento. Balandier, sociólogo francés, en El poder en escenas, diagnostica que la práctica política se ha contaminado de espectacularización, lo que ha acabado por transformar a los ciudadanos en meros espectadores. Así, los enfrentamientos internacionales juegan papeles antagónicos, las tertulias políticas son meros campos de interacción que permiten el desarrollo del personaje y la toma de decisiones públicas se convierte en una serie de elementos narrativos que sólo enriquecen la trama.

La creciente amenaza y preocupación por el fentanilo no sólo pone la discusión sobre la mesa, sino que ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de la relación México-EU; puesto que la Unión Americana tiene como principal preocupación la venta y distribución ilegal del opioide. El lunes de la semana pasada, Marcelo Ebrard viajó a Washington para acudir al Entendimiento Bicentenario, en donde se evidenció la inconformidad estadunidense, poniendo la acción del gobierno mexicano en la mira y la relación bilateral en un tenso hilo.

Durante la reunión, Lindsey Graham, senador republicano, propuso designar a los cárteles “organizaciones terroristas extranjeras”, como un mecanismo frente a la negligencia e incapacidad del gobierno mexicano. Ante ello, el canciller presentó los resultados de incautación de fentanilo, entre otras políticas de seguridad implementadas; mientras que, por su parte, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, enfrentó el tema en su conferencia matutina del 15 de marzo.

Explicó que se buscará prohibir la importación a México de fentanilo para uso médico, explorando la posibilidad de su sustitución por otros analgésicos: “Aunque tengamos el control que no se tenía sobre el ingreso del fentanilo con usos médicos, al estar prohibido ya no habrá ninguna posibilidad de que pudiese importarse”. Por otro lado, no vaciló en expresar que, en caso de que se lograra frenar su uso médico, se va a pedir que se prohíba también en EU.

Se puede polemizar sobre tres puntos principales del desenlace de nuestra obra teatral. En primer lugar, remitiéndome a Balandier, lo mediático tiene el poder de anular lo político, de abandonar la gestión en manos de los “especialistas”. La espectacularización permite delegar la responsabilidad del tráfico a quienes pueden —y ahora deben— repensar la medicina, poniendo en sus manos la resolución de un problema, lo que es, de igual manera, teatral, puesto que la amenaza nunca se ha movido por el bosque de lo legal. Como segundo punto, afirmar la imposibilidad de su importación es una falacia ad populum, algo que, en miras de nuestro análisis escenográfico, busca trasladar la perspectiva de las propuestas a partir de la dramatización. Pretende vender la idea de que la prohibición con fines médicos erradica toda posibilidad de importarse y comercializarse con otros fines, los cuales representan la verdadera alarma, ya que su ilegalidad nunca ha determinado su venta o consumo.

En un intento frustrado de aclaración, existen dos categorías principales de fentanilo: el farmacéutico y el fabricado ilícitamente. A pesar de que ambos sean opioides sintéticos, mientras uno funge como analgésico, el otro causa más de 150 muertes al día.

Como tercer y último punto, en palabras de Balandier, “el objetivo de todo poder es el de no mantenerse ni gracias a la dominación brutal ni basándose en la sola justificación racional”, mantener la postura de autoridad frente a EU implica otorgarles un papel en la obra. Creer que, en caso de la sustitución por otros analgésicos, nuestro país vecino deba hacerlo es un simbolismo en el que se suscita no sólo la eficacia simbólica y se retoma la fuerza del poder, sino que se despliega también, a través de la teatralidad, el alcance político. El politainment, concepto de Salomé Berrocal, implica la hibridación de contenidos y espectacularización, que funge como fin último de legitimar las decisiones políticas a partir de la creciente audiencia, la apariencia de la acción y el reacomodo de los roles frente a otros actores.

Ante la teatralidad que pretende envestir la insuficiencia de autoridad, el Oscar es para…

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