Con la mirada en el cielo y los pies en la tierra

“Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron demasiado bien, y nadie, por lo que yo sé, puso nunca la veracidad entre las virtudes políticas”, escribió Hannah Arendt, en su texto Verdad y Política y pareciera ser que casi 60 años ...

“Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron demasiado bien, y nadie, por lo que yo sé, puso nunca la veracidad entre las virtudes políticas”, escribió Hannah Arendt, en su texto Verdad y Política y pareciera ser que casi 60 años después la frase nunca fue más atinada.

El pasado 3 de febrero en East Palestine, Ohio, un accidente ferroviario desató un desastre medioambiental, cuyas repercusiones tendrán efectos negativos a largo plazo sobre la flora, la fauna y la vida humana.

Desde tiempo atrás, sindicatos ferroviarios alertaron sobre los riesgos existentes en el tramo que hace unas semanas se vio comprometido. A pesar de los intentos de huelga y protesta, el gobierno estadunidense encontró la manera de bloquearlos a través de la aprobación de una ley, a finales de 2022, en la que se acordaba un aumento salarial, entre otras medidas de flexibilidad, para que las huelgas cesaran y, en fechas de gran actividad comercial, la cadena de suministro no se viera afectada, pues en palabras del presidente Joe Biden “un cierre ferroviario devastaría nuestra economía”.

Tan sólo unos meses después, resultó verdaderamente devastante, el descarrilamiento y explosión del tren, operado por Norfolk Southern. De acuerdo con la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés), el accidente provocó que 38 coches se descarrilaran, mientras la explosión afectó a otros 12; por otro lado, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) dijo que, de los 50 vagones que se vieron comprometidos, 20 cargaban materiales químicos y combustibles, como cloruro de vinilo y acrilato de butilo, entre otros, los cuales terminaron en el aire, la tierra y el agua.

El gobernador Mike DeWine ordenó la evacuación de los residentes, mientras lograba controlarse el incidente y se dictaminaba tanto su causa, como sus efectos, para establecer las medidas necesarias de salud y seguridad. Como única alternativa, las autoridades procedieron a la quema “controlada” de los restos del material químico y en tan sólo seis días después, la EPA declaró que no se detectaban contaminantes con “niveles preocupantes” a pesar de que pudiera percibirse olor de las sustancias o produjera dolores de cabeza.

Es aquí donde comienza la guerra del monstruo bicéfalo, pues contrario al informe de las autoridades locales, quemar cloruro de vinilo, según Associated Press, produce cloruro de hidrógeno y fosgeno, componentes que pueden producir desde irritación hasta problemas respiratorios letales.

El impacto sobre la vida acuática fue de igual manera brutal, además, desencadenó cierta disensión interna. Mientras, por un lado, la EPA confirmó la detección de dos compuestos químicos contaminantes, aseguraba que podían filtrarse al agua, por lo que el consumo debía limitarse sólo a agua embotellada hasta que se concretaran los estudios; por otro lado, la subsidiaria de aguas americanas de West Virginia señaló que no se habían detectado cambios en el agua y DeWine sostuvo esta postura con certeza.

Miguel Ángel Muñecas Vidal, químico especialista en sostenibilidad, indicó que los componentes nocivos derivados de la combustión pueden persistir un largo tiempo en el ambiente, por lo cual ha advertido del daño en la cadena trófica, indicando los efectos cancerígenos, disruptores hormonales y tóxicos. Sumado a ello, más de tres mil 500 peces han muerto a causa del accidente.

Mientras la guerra de las verdades se llevaba a cabo y la desconfianza en los oficiales estatales por la falta de transparencia aumentaba, “aparentemente” en mayor proporción que los residuos tóxicos, se procuraba a toda costa desviar la atención al cielo, contándonos la morbosa historia de artefactos voladores y espionaje, en palabras de Javier de la Sotilla “ahora que el mundo mira al cielo norteamericano en busca de artefactos, el foco mediático no debe estar sobre el aire, sino en el subsuelo y las aguas contaminadas”.

Tal vez, interactuando con la frase de Arendt, la veracidad no se encuentra entre las virtudes políticas, porque bajo la guerra del monstruo bicéfalo, quienes la poseen se ven enfrentados a quienes la administran o, tal vez, se encuentran subyugados a otros dos monstruos: capital y agenda.

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