Hace 135 años, León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum —“sobre las cosas nuevas”— en respuesta a la revolución industrial. El mundo cambió de forma tan acelerada que la Iglesia sintió la necesidad de decir algo sobre el trabajo, la dignidad humana y el peligro de dejar que las fuerzas del mercado gobernaran sin contrapeso moral. Lo que León XIII entendió, entonces, es que los cambios tecnológicos y económicos no son neutrales: son decisiones sobre qué tipo de sociedad queremos construir.
En su aniversario 135°, el papa León XIV ha publicado Magnifica Humanitas, su propio documento sobre las cosas nuevas de este siglo: la inteligencia artificial. En el texto, escrito en colaboración con uno de los fundadores de Anthropic, se describe que la calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una función.
Esta frase podría ser el epígrafe de la nueva Ley del Sistema de Cuidados aprobada con unanimidad por el congreso, presentada por la administración de Clara Brugada e impulsada por las comunidades y la sociedad civil. Nuestras políticas económicas van de la mano con asegurar los derechos a recibir cuidados, brindar cuidados y al autocuidado. Partimos de la misma premisa: una ciudad que innova en el cuidado de sus personas más vulnerables está creando el espacio para la más justa adopción de innovaciones tecnológicas. Este común denominador entre CDMX y Roma confirma que la innovación en la economía y la innovación en los cuidados son la misma apuesta.
Unos datos para dimensionar el reto colectivo de los cuidados, en 2029 la población adulta de nuestra ciudad superará a la población infantil, y en 2050 habrá 41 adultos mayores por cada 100 personas en edad activa. Esto es casi tres veces más que el nivel actual. Hoy, hay un trabajador de cuidados por cada nueve viviendas con niños pequeños; hay uno por cada 134 viviendas con adultos mayores, y por supuesto, las capitalinas dedican 85% más horas que los hombres al trabajo no remunerado de cuidados, 41 contra 22 horas semanales. Esto se traduce en brechas de ingreso concretas: los hogares con jefatura femenina ganan 29% menos que los hogares sin población dependiente.
La IA ya llegó a todos los rincones del mundo, pero la Ciudad de México tiene el potencial de usarla para multiplicar el cuidado humano. El papa León XIV lo dice con precisión: “La tecnología puede sostener también el cuidado mutuo entre personas, por ejemplo si ofrece instrumentos que ayuden a prever y organizar, sin despojar al ser humano de su libertad y de su juicio”. En términos de política pública urbana: se trata de reconocer, redistribuir, reducir y revalorar el trabajo de los cuidados y sus cargas desproporcionadas de formas muy inteligentes.
*Secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México
