Vivir preparados

Durante las semanas que siguieron al sismo de 2017, incluyendo las réplicas que afectaron el ánimo de la Ciudad de México y del país, volvimos a demostrar que somos una sola sociedad cuandonos lo proponemos.

En unas horas escucharemos de nuevo el inconfundible sonido de la alerta sísmica. Nuestra consciencia colectiva reconoce a la perfección lo que eso significa y trae a la memoria muchas de las tragedias más grandes que hemos vivido como sociedad, con pérdidas incalculables y recuerdos que nos acompañarán para siempre.

En 2017 tuve la oportunidad, a través de una organización civil que colaboró desde el primer minuto luego del sismo del 19 de septiembre, de ayudar en los más de 42 puntos de colapso en la Ciudad de México. Lo mismo se respondieron llamadas de auxilio para movilizar servicios de emergencia, que se localizó a personas extraviadas y se aclararon noticias falsas difundidas en redes sociales.

Como en 1985, la movilización social fue instantánea y la solidaridad la emoción común de millones. Por las calles había muchachas y muchachos repartiendo comida a quienes de manera espontánea se sumaron a las tareas de rescate y de suministro de todo lo que fuera necesario para salvar una vida o atender a alguien que se había quedado sin un techo.

Recuerdo imágenes que me acompañarán para siempre: una joven que daba órdenes a brigadas completas y que era obedecida por militares y policías; un hombre que caminaba hacia una estación de Metro con un pico en la mano, cubierto de polvo de pies a cabeza, de traje y corbata; las cadenas para descargar garrafones con agua potable que se organizaban mediante un chiflido que todos reconocíamos ya.

Durante las semanas que siguieron, incluyendo las réplicas que afectaron el ánimo de la Ciudad de México y del país, volvimos a demostrar que somos una sola sociedad cuando nos lo proponemos y no hay mejor ocasión para ello que cuando enfrentamos la adversidad. Muchos de los mitos que se tienen acerca de las actitudes de las poblaciones urbanas se rompen en esas ocasiones al sacar lo mejor de nosotros mismos en la mayoría de los momentos en donde es importante hacer una diferencia positiva.

Nuestra sociedad cuenta con muchos valores que a veces perdemos de vista. Tomamos con cierto humor nervioso cuando sufrimos un sismo, como el de hace unos días, pero mantenemos esa alerta que nos recuerda que cada uno tiene una responsabilidad en caso de emergencia. Ya que pasa y sabemos que no tuvo consecuencias de relevancia, seguimos adelante con nuestras vidas, aunque no olvidamos lo ocurrido en el pasado.

Hoy tendremos el simulacro anual y confío en que ese espíritu de unidad y de colaboración aparecerá de nuevo.

Puede que hayamos olvidado momentáneamente las recomendaciones básicas en caso de un sismo, pero vale la pena recordar que debemos tener una maleta a la mano con nuestros documentos oficiales, botellas con agua, linterna, cerillos, un botiquín básico y los teléfonos celulares con carga completa.

Al escuchar el sonido de la alarma no correr, no empujar y no gritar, mientras desalojamos el inmueble con rapidez, pero en calma. Reunirnos en las áreas dispuestas como punto de encuentro y no ingresar hasta que se haga una revisión de la estructura. Cada edificio puede establecer un comité de protección civil, cuya capacitación la brindar las autoridades, para que estemos preparados desde nuestro hogar. 

Vivir preparados es un comportamiento social que debe fomentarse todo el tiempo. Estamos en un valle con alta actividad sísmica. Hemos avanzado mucho en crear consciencia, lo que sigue es nunca bajar la guardia ante cualquier eventualidad, se trata de un fenómeno de la naturaleza o de la aparición de un microorganismo que produce una enfermedad para la que todavía no tenemos tratamiento. 

Estar atento es un rasgo que distingue a quien habita una metrópoli, la solidaridad debe serlo también. Recordar lo que vivimos es una característica de quienes vivimos en el Valle de México, mientras ponemos en práctica los pasos que conocemos para mantenernos a salvo y alertas en caso de una emergencia. Preservar una cultura de protección y de asistencia también forma parte de esa identidad, una que estará presente este domingo, en el que volveremos a experimentar uno de nuestros retos principales: saber que estamos expuestos al movimiento de la tierra que es nuestro hogar.

Temas: