Vivir en consenso
Si las anteriores pandemias sirven de referencia, en ésta reaccionamos con mayor rapidez y hemos actuado con una velocidad y disposiciones mayores como especie. Estamos en medio de un proceso mundial de vacunación que, con sus desequilibrios, permite que podamos anticipar una salida
Para construir la sociedad que deseamos es necesario establecer propósitos comunes que se puedan hacer realidad con voluntad y compromiso de la mayoría de nosotros. Tenemos problemas comunes, eso no es ninguna noticia, pero también sabemos las soluciones que podrían resolverlos.
¿Dónde inicia entonces esa participación generalizada que permite modificar todo aquello que afecta nuestro bien y buen vivir? En casa, en la familia, que es la primera institución social que conocemos y a la que podemos recurrir para que ese compromiso se extienda a otros círculos de nuestro entorno.
Y cuando hablo de familia me refiero a esa unidad de personas que conviven y se apoyan constantemente. No hay un modelo determinado y en México las familias se componen de diversas maneras; todas indispensables cuando caminamos juntos como una sola sociedad.
Ante el regreso de muchas de las actividades que se suspendieron por la pandemia, nuestra convivencia diaria estará marcada por importantes cambios en la forma en que interactuamos. Pronto seremos testigos de lo que dejamos atrás y de lo que hemos adoptado durante este año y medio de emergencia sanitaria.
Tener propósitos claros sobre lo que significará nuestro retorno al trabajo presencial, a mantenernos algunos días laborando en casa, a entrar de nuevo en contacto con amigos y familiares en celebraciones (con sana distancia y medidas de higiene) o a mantenernos en espacios cerrados durante muchas horas con tranquilidad, permitirá que nuestras comunidades vivan en consenso.
Coincidir en lo fundamental no quiere decir que debamos pensar lo mismo y tampoco que estemos de acuerdo todo el tiempo. El consenso es precisamente el resultado del diálogo que permite comprender nuestras diferencias y de todos modos encontrar un sentido de comunidad.
Esa es una característica de nuestra sociedad, aunque parezca difícil de creer en ocasiones. Siempre hallamos puntos de encuentro y logramos fijar acuerdos sencillos, pero poderosos, para perseguir un bien común.
Aspectos como nuestra salud, física y emocional, nuestros hábitos de alimentación y consumo, el tiempo que dedicamos a nuestros seres queridos, las actividades que no hemos intentado por falta de tiempo, la apropiación del espacio público y de otros comportamientos que sean positivos para el día a día en las calles, son temas que deben platicarse ya para lograr consensos.
Todas las sociedades que consideramos sólidas, al menos en lo superficial de la información que recibimos de ellas, tienen esas bases que le dan conducción a las actividades más simples que viven sus integrantes.
Creo que vamos en ese rumbo a partir de las lecciones que nos ha dado esta contingencia mundial y el cambio de época que aceleró. Tomemos en cuenta la revaloración de muchas de las condiciones de vida que pensábamos seguras y que se alteraron, lo mismo que las adaptaciones y adopciones que tuvimos que hacer para sobrellevar una crisis a la que no nos habíamos enfrentado en un siglo.
Si las anteriores pandemias sirven de referencia, en ésta reaccionamos con mayor rapidez y hemos actuado con una velocidad y disposiciones mayores como especie. Estamos en medio de un proceso mundial de vacunación que, con sus desequilibrios, permite que podamos anticipar una salida.
Pero el reto de mayor importancia viene adelante. Podemos aprovechar este episodio de nuestra historia para modificar desde nuestra relación con el planeta, hasta el diseño social que se había mantenido hasta hace unos pocos años.
Pensar que podemos edificar sociedades que tengan a la dignidad, la equidad y el equilibrio como cimientos no es una meta que se vea inalcanzable. Si hemos podido superar, con mucho esfuerzo y sacrificios, estas circunstancias, podemos dialogar sobre las formas en que se pueden mejorar las condiciones de vida personales y comunitarias a partir de ese entorno cercano en el que se acuerdan los principios sociales que luego compartimos en el resto de nuestra sociedad y que después son las reglas civiles que todos reconocemos y respetamos.
