Tiempo y movimiento

La posibilidad de desempeñar labores vía remota es una condición que imponen millones de personas antes de continuar en o aceptar un puesto.

Estamos justo en el inicio de un nuevo ciclo, de esa nueva realidad de la que tanto hemos hablado durante el último año, en la que tendremos que tomar decisiones individuales y sociales para seguir adelante. 

Si en algún momento ha influido la forma en que nos adaptamos al mundo y desarrollamos mejores hábitos y comportamientos es en éste, en el de la pandemia que continúa, por lo que nosotros debemos hacer lo que nos toca. 

Quedarnos quietos, por miedo o por cualquier otra razón, retrasará nuestro avance social y ese es un lujo que no es posible darnos. El movimiento permite lograr metas y objetivos y se fundamenta en la voluntad y el compromiso personal, que después se extiende a lo colectivo. No podemos estar pasivos, aunque sí tomar todas las precauciones para estar tranquilos. 

Regresar al inicio de la pandemia es tan improbable como poco conveniente para un mundo que ya no puede detenerse, porque los riesgos de la inmovilidad serían desastrosos para la mayoría. La clave es cuidarnos para cuidar a los demás, estableciendo los mecanismos necesarios de convivencia hasta que seamos capaces de coexistir con el virus y sus probables variantes. 

Diferente a la trama estándar de las películas de género, las pandemias no significan un apocalipsis, sino una serie de cambios importantes (algunos radicales) que establecen los cimientos de esa nueva realidad. 

Uno de los ejemplos más claros es nuestra relación con el trabajo. Hoy la posibilidad de desempeñar labores vía remota es una condición que imponen millones de personas antes de continuar en o aceptar un puesto; si alguien nos hubiera dicho que la automatización no iba a poder cubrir la necesidad de mano de obra durante una emergencia como ésta, jamás se lo hubiéramos creído. 

La velocidad con la que logramos incorporar la tecnología al hogar para muchas rutinas que sólo eran presenciales, modificó la idea de que debemos estar concentrados en espacios cerrados o en la misma área física; muchas empresas e instituciones no regresarán a semanas completas de trabajo en oficinas y ofrecerán un esquema híbrido que permitirá a muchas personas administrar su tiempo de otras maneras, en especial con sus familias. Ese tiempo, más el que podemos dedicarle a nuestra comunidad, nos mantendrá atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor y podría equilibrar la carga que representa buscar el sustento diario con la urgencia de influir en la educación y en el desarrollo de las y los más jóvenes, una asignatura social pendiente que dejábamos en manos del Estado o de instituciones privadas. 

La posibilidad de contar con tiempo y capacidad de movimiento para atender lo familiar, lo social y lo personal, abriría la puerta de una sociedad diferente, activa y con las herramientas suficientes para establecer nuevos acuerdos y mejores reglas de colaboración entre sus integrantes y con sus autoridades inmediatas. 

Tiempo y movimiento para estar, ayudar y ser eficaces como ciudadanos. Lograr con esos dos valiosos elementos los términos de una coordinación que impacte en las condiciones de vida de nuestros barrios y colonias para frenar aquello que intente perjudicarnos y alejar a las y los jóvenes de los riesgos que todavía enfrentamos en diferentes aspectos de la vida cotidiana. Tiempo y movimiento que fortalezca valores y principios que nos enfoquen en lo realmente importante y reduzca la posibilidad de que ideas de falsa prosperidad sigan dominando los mensajes que recibimos y que muchas veces compartimos sin reflexionar sobre la relevancia de lo comunitario por encima del personalismo.  

Esas pueden ser las ventajas que podemos obtener de un periodo tan doloroso como el que hemos atravesado, simplemente debemos actuar con corresponsabilidad y no detenernos, avanzando a paso firme y continuo, hasta que lleguemos a esa otra orilla en donde la salud no esté en riesgo.

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