Tejer ciudadanía
El retorno a una nueva realidad traerá a nuestras comunidades los problemas cotidianos, que nunca se fueron, comoel tráfico, las aglomeraciones y ese ritmo de vida que tiene poca paciencia, sobre todo en las grandes ciudades.
Construir el tejido social que necesitamos para sentar las bases de una convivencia mucho mejor como sociedad es una tarea de corresponsabilidad que debemos tener presente en cuanto el semáforo epidemiológico llegue al ansiado color verde.
Si nuestras prioridades de vida han cambiado durante estos meses y ahora están enfocadas en integrarnos más en familia y en comunidad, entonces vamos por el camino correcto para que, con participación vecinal y voluntad colectiva, practiquemos hábitos y adoptemos comportamientos que reduzcan las conductas que afectan nuestro día a día.
Recordemos que la mayoría de nuestras preocupaciones están concentradas en requerimientos muy específicos y de carácter local: tener banquetas y calles en buen estado, iluminación eficiente, recolección de basura adecuada, evitar autos y otros enseres abandonados, espacios públicos con mantenimiento, para estar (y sentirnos) seguros.
Estos requerimientos se pueden atender con coordinación y colaboración de ciudadanos y con acuerdos básicos para que nuestro entorno inmediato desarrolle sus actividades en armonía.
El retorno a una nueva realidad traerá a nuestras comunidades los problemas cotidianos, que nunca se fueron, como el tráfico, las aglomeraciones y ese ritmo de vida que tiene poca paciencia, sobre todo en las grandes ciudades. Sin embargo, hay señales de que vamos a salir con actitudes diferentes, más solidarias, de las que solíamos tener antes del confinamiento y los cuidados que impuso la pandemia.
Pero justo cuando el proceso de adaptación vaya en marcha, nuestra obligación civil es ayudar a que ese tejido social se fortalezca o exista a partir de la comunicación de vecinos, familiares, amigos y cualquiera que, como todos, deseamos condiciones de paz y tranquilidad en el primer núcleo de nuestra sociedad que es el hogar.
Hoy tocamos temas sociales que previamente no contaban con atención, además de tener la importante posibilidad de intercambiar opiniones en redes sociales y a distancia con las herramientas electrónicas disponibles, para que paulatinamente vayamos modificando esas ideas que no nos han servido de mucho en lo comunitario.
Como en otros momentos, empecemos desde lo más cercano a nosotros y de ahí ampliemos para que podamos empatar el regreso a las actividades con nuevos, y buenos, comportamientos ciudadanos que relancen a una sola sociedad con metas y objetivos comunes.
Albert Einstein dijo que uno debe estar dispuesto a renunciar a lo que uno es para convertirse en lo que será o en lo que puede convertirse. Esta emergencia sanitaria ha sido un reto, pero también puede ser la oportunidad que esperábamos para corregir, afinar e incluso intentar nuevos acuerdos sociales que traigan los beneficios que perseguimos.
En otros escenarios de urgencia, hemos sido una sociedad notable a la hora que se necesita ayudar a otros y a organizarnos en favor de quienes sufren. Ese debe ser nuestro punto de partida y el consenso para cuando estemos en una siguiente etapa de esta contingencia mundial. No olvidemos que el virus no se irá, seguirá entre nosotros hasta que exista la resistencia suficiente en una mayoría para que sus efectos letales sean mínimos.
Alcanzar esa inmunidad podría acarrearnos una protección adicional que es la de una sociedad con una mejor colaboración y coordinación para enfrentar a sus problemas, avanzar en sus aspiraciones, y dirigirse a un destino común que sea mucho más equitativo, justo y de oportunidades.
