Sumar las pequeñas decisiones
Resolver los grandes problemas sólo es posible cuando una sociedad traduce sus reclamos en acciones que se pueden convertir en una cadena que produce cambios definitivos no sólo en las instituciones, sino también en el comportamiento de la ciudadanía. Todo aquello que ...
Resolver los grandes problemas sólo es posible cuando una sociedad traduce sus reclamos en acciones que se pueden convertir en una cadena que produce cambios definitivos no sólo en las instituciones, sino también en el comportamiento de la ciudadanía.
Todo aquello que no está respaldado por nosotros, porque no creemos en ello o lo rechazamos de plano, termina en letra muerta, por muchos artículos, disposiciones o penalidades que contenga. La fuerza social hace que una norma prevalezca, incluso, como hemos visto en muchos casos, tenga legitimidad.
Pero los cambios en los ciudadanos se hacen con la suma constante de pequeñas decisiones que modifican el comportamiento hacia una situación o una supuesta realidad. Gracias a ese esfuerzo conjunto es que podemos superar el tristemente dicho común “es que así ha sido toda la vida”.
Cada uno sabemos qué le hace falta a nuestro vecindario para que sea un mejor sitio para vivir. Y, en muchas ocasiones, no es una renovación total o una construcción nueva a partir de demoler lo anterior. Son unos detalles, importantes por supuesto, que hacen la diferencia para que el entorno cambie para bien.
Nuestra especie se distingue de las demás porque es capaz de preguntarse si las cosas pueden ser distintas. No pensamos estar determinados por nada, salvo por nosotros mismos y, aunque también eso nos ha perjudicado, porque consideramos que el planeta nos pertenece y la naturaleza nos debería obedecer, nuestra curiosidad y deseo nato por descubrir son los elementos que nos permiten crecer.
Insisto en comenzar un nuevo año (apenas iniciamos febrero) con metas posibles, cuya constancia sume a cambiar de raíz lo que nos afecta. He compartido antes algunos temas de preocupación que se solucionan desde la ciudadanía y para los que no necesitamos la organización o supervisión de ninguna autoridad; no porque sea malo su involucramiento, sino por el poder que tenemos en conjunto cuando actuamos con un propósito y en una sola dirección.
Uno de los documentales que está nominado a los famosos premios Óscar se llama El Barbero de Little Rock y narra la historia de un joven emprendedor y empresario afroamericano que se dedica a generar igualdad en su comunidad. Little Rock es la capital de Arkansas, también relevante por muchos eventos, con una población media de poco más de 200 mil habitantes.
Sin embargo, la desigualdad puede comprobarse conduciendo por una avenida que separa la zona que prospera y aquella a la que le falta quién apueste por su desarrollo. Los vecindarios no son muy distintos, salvo porque en unos el césped es verde, hay agua potable, las calles están bien pavimentadas y uno encuentra todos los servicios que se necesitan para vivir en una colonia tranquila. La misión, como la llama el protagonista del documental, es nivelar el campo para que lo que hay de un lado de la calle, pueda existir en el otro. Eso es inversión, pública, privada o social, como queramos llamarle, para el bien común. Cualquier semejanza con municipios y alcaldías que conozcamos, no es mera coincidencia, se trata de un problema de desequilibrio económico y de oportunidades en el mundo
Apostar por nuestro propio hogar siempre es una apuesta correcta. No obstante, lo que hace que todo mejore es aportar. Como ciudadanos debemos reconocer que se necesita invertir tiempo, dedicación, organización y mucho diálogo para que las decisiones se tomen y se cumplan de abajo hacia arriba. Por eso es tan importante sumar las pequeñas determinaciones diarias sobre reciclaje, manejo de desechos, alumbrado público, cuidado del agua, encarpetado de calles y banquetas, rehabilitación de áreas comunes, para que el acuerdo con las autoridades que elegimos sea siempre dirigido a cómo podemos vivir con mayor tranquilidad y prosperidad. Pero con la ciudadanía llevando la mano y eso se consigue con esos actos cotidianos que podemos realizar a partir de ahora. Ningún gobierno puede solo, pero ninguna sociedad tampoco. Y ese es el cimiento sobre el cual podemos construir las comunidades que prosperen, en todos los sentidos, a futuro.
