Sistema de confianza para lograr la paz

¿Cómo se modifica un sistema que está basado en la desconfianza de quienes saldrían beneficiados del mismo cambio? Ésa es la respuesta que la sociedad mexicana debe encontrar todos los días para consolidar una transición que ha sacudido la estructura de poder que ...

¿Cómo se modifica un sistema que está basado en la desconfianza de quienes saldrían beneficiados del mismo cambio? Ésa es la respuesta que la sociedad mexicana debe encontrar todos los días para consolidar una transición que ha sacudido la estructura de poder que durante décadas dominó el destino de nuestro país.

En diferentes ocasiones he compartido que vivimos un cambio de época y no una época de cambios. Muchos de los códigos que tanto pesaban en la política, en la economía y en la construcción social mexicana perdieron vigencia y han sido sustituidos por nuevos, aunque discutamos como si no nos diéramos cuenta.

Precisamente la molestia de varios segmentos de la población, que no son mayoría, reside en que han perdido esos puntos de referencia que les permitían entender el funcionamiento de una nación compleja, con realidades disímbolas, provocada por una desigualdad que  había hecho una brecha casi insalvable.

Para los menos favorecidos, el mensaje ha sido de empoderamiento y de atención a sus necesidades olvidadas por sexenios. Sin embargo, de uno y otro lado, los problemas que nos siguen afectando se resolverán con una participación ciudadana que tenga como fundamento acuerdos mínimos para mejorar la calidad de vida en general.

No es menor buscar coincidencias en medio de una batalla por llevar a los extremos a sectores sociales que estarían aparentemente enfrentados por sus preferencias, valores y supuestos principios; lo que es una mentira, porque los grandes desafíos en el futuro inmediato nos afectan y nos involucran por igual. Trataré uno de los más importantes, la seguridad, que además me concierne en lo profesional.

Construir la paz en México es una estrategia desde diferentes ángulos y con elementos que suman la atención a las causas que ocasionan los delitos, con su combate, la dignificación de las instituciones de seguridad y de sus elementos, en coordinación con programas de atención social que le arrebaten recursos humanos al crimen. No obstante, el análisis en el que se concentran muchos actores sociales se reduce al estudio de las cifras diarias y a la lógica de enfrentamiento entre el Estado contra aquellos que violan la ley, pero la desconfianza sigue siendo el punto de partida.

El ejemplo más claro que, contra todas las críticas, la Guardia Nacional es una institución con un alto nivel de confiabilidad en muy poco tiempo (no conozco alguna otra en el mundo que haya logrado esto tan rápido), mientras que la valoración positiva de nuestras Fuerzas Armadas no ha decaído, a pesar de la idea falsa de que ocupan espacios de vida civil que no les corresponderían.

Esto sucede porque la realidad de muchas comunidades, municipios y varios estados del país es diferente a la de la Ciudad de México, capital donde se concentran los Poderes de la Unión, y que cuenta con la policía más numerosa y profesional a nivel nacional. En otras regiones, tener el apoyo de la Guardia, del Ejército y de la Marina es lo que ha permitido disminuir la violencia y pacificar.

Esa misma confianza la tenemos que establecer hacia las policías estatales, varias también muy capaces, e integrar la construcción de la paz como un objetivo de la ciudadanía para que confíen en las mujeres y en los hombres que la protegen a riesgo de sus propias vidas.

El reconocimiento social es tan importante como la dignificación institucional a los integrantes de la estructura de seguridad del país, nada más que el primero le corresponde a las y los mexicanos, que bien podríamos impulsarlo en un acuerdo social básico ajeno a intereses de otro tipo que sólo nos alejan del objetivo de vivir en paz. Hoy contamos con resultados en el combate a casi todos los delitos de alto impacto y se han recuperado zonas enteras del territorio que estaban en poder de la delincuencia, pero falta esa validación ciudadana que brinde respeto a las y los elementos encargados de traer de vuelta la tranquilidad. Y eso se puede hacer todos los días con una regla simple que he compartido antes: a los buenos elementos, se les reconoce y a los malos, se les denuncia.

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