Reunión de líderes

James A. Robinson fue uno de los galardonados este año con el premio Nobel de Economía. Tal vez, su obra más célebre ha sido Por qué fracasan los países, un revelador libro que escribió junto con otro de los premiados en esa misma categoría, Daron Acemoglu. Su ...

James A. Robinson fue uno de los galardonados este año con el premio Nobel de Economía. Tal vez, su obra más célebre ha sido Por qué fracasan los países, un revelador libro que escribió junto con otro de los premiados en esa misma categoría, Daron Acemoglu. Su análisis sobre el desarrollo de las naciones y de sus instituciones es una referencia obligada en el estudio de este fenómeno que marca el destino de una sociedad.

Robinson estuvo en México la semana pasada y opinó ampliamente sobre varios de los temas que ocupan la agenda nacional. En general, coincide con lo estimado por analistas y otras voces importantes del mundo financiero: nuestro país se encuentra en una posición privilegiada para lograr un crecimiento sostenido. Claro, advierte acerca del cuidado con el que tienen que llevarse los procesos de cambio institucional que están en curso, pero afirmó que se le debe tener confianza a la gente, más en una democracia como la nuestra.

Este cambio de época ha reconfigurado los equilibrios de poder no sólo en México, también lo ha hecho en el mundo, justo cuando nos enfrentamos a una realidad: el deterioro del planeta y el desarrollo tecnológico más avanzado que hayamos alcanzando en la historia. Podríamos concluir que todos los desafíos presentes derivan de la buena administración (y protección) de los recursos naturales y de la regulación correcta de las nuevas tecnologías.

A principios de semana, en Brasil, se encontraron las y los líderes de las veinte naciones más poderosas del orbe para dialogar y negociar. El contexto hoy es distinto y preocupante, porque dos guerras que llevan demasiado tiempo han escalado y varios asuntos añejos de conflicto como la migración, la xenofobia y el avance de grupos de interés radicales a posiciones de poder político, complican los acuerdos a los que se puede llegar.

Por otra parte, México confirmó una posición más que favorable en el mundo y fue la nación con mejores intercambios bilaterales de esta Cumbre del Grupo de los 20. No era para menos, nuestra nación está en esa posición de la que habla James A. Robinson y eso es atractivo para cualquier país industrializado que está proyectando sus objetivos y metas hacia el futuro. Si alguna vez pudimos hablar de un fiel de la balanza en el comercio del planeta, ésta parece la ocasión en la que ese papel le corresponderá a nuestro país.

Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. Nuestros vecinos y socios en el T-MEC están preparándose para una nueva negociación que ya puede anticiparse compleja y algo desgastante, cuando los expertos coinciden en que Norteamérica es la locomotora económica que podría jalar al resto del mundo hacia una nueva etapa de prosperidad. Aun así, las presiones van en aumento cada semana y los reacomodos de los otros países que buscan rivalizar en importancia no se detienen. El reto es encontrar las coincidencias económicas y geopolíticas.

Henry Ford dijo en una ocasión que “juntarse es un comienzo. Seguir juntos es progreso. Trabajar juntos es el éxito”. En la obra de Robinson y Acemoglu se analiza a profundidad la calidad de las instituciones, el poder de organización de los grupos sociales y la precisión de las leyes y las normas para asegurar el beneficio común; pero se toca poco la función del liderazgo humano en esas etapas necesarias que deben vivir las naciones para lograr la estabilidad.

La calidad de las y los líderes importa, así como la participación organizada de una sociedad que esté involucrada directamente con el destino de su nación. Ciudadanía, gobierno, iniciativa privada y otras organizaciones civiles, tienen una corresponsabilidad en todo lo que viene para México en los siguientes años. Nuestro país sigue protagonizando las estimaciones y los pronósticos de un mundo más equilibrado; a pesar de que al otro lado del globo la guerra y la cerrazón no parecen tener fin. Las y los líderes mexicanos deben –y pueden– estar en cada calle, colonia y municipio. Los vamos a necesitar.

POSDATA

Theodore Roosevelt murió dormido y en su cama a los sesenta años. Thomas R. Marshall, vicepresidente de los Estados Unidos, dijo al enterarse que “la muerte tuvo que llevarse a Roosevelt dormido, porque de haber estado despierto, hubiera habido una pelea”. Gracias a mi apreciada colega de páginas, Cecilia Soto, enmiendo el error cometido hace dos semanas de matarlo durante una expedición en el Amazonas por malaria; algo que casi ocurrió, pero que no era exacto.

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