Ponderar

En una situación de emergencia es difícil encontrar el equilibrio entre la razón y la emoción. Cuando sufrimos un evento negativo inesperado, la mayoría de las veces no tenemos la tranquilidad para poder analizar y decidir con calma; es un proceso que tiene diferentes ...

En una situación de emergencia es difícil encontrar el equilibrio entre la razón y la emoción. Cuando sufrimos un evento negativo inesperado, la mayoría de las veces no tenemos la tranquilidad para poder analizar y decidir con calma; es un proceso que tiene diferentes pasos hasta llegar a una evaluación serena para encontrar la mejor solución.

En estas últimas semanas he recibido noticias de muchas personas cercanas que se han contagiado de la nueva variante ómicron. Cada caso es distinto en cuanto a la severidad de los síntomas, pero ninguno ha requerido hospitalización o los cuidados que se tenían al comienzo de la pandemia; sin embargo, la angustia y la incertidumbre parecen ser mayores. 

Creo que, a lo largo de los meses, empezamos a construir una falsa confianza de que esta contingencia iría descendiendo conforme nos habituáramos a ciertas rutinas; con cada ola hicimos más estrictas las medidas sanitarias para luego seguirlas con flexibilidad en cuanto la sensación de riesgo disminuía en el ánimo general. 

No obstante, esta variante ocasiona una reacción paralela, que podría considerarse contradictoria: mucha preocupación al momento de saber que somos positivos al virus, o por el conocimiento de contagios muy cercanos, y la comprobación de que la mayoría no pasa de molestias que progresivamente desaparecen. Reitero, cada persona ha reaccionado de diferente manera, pero la información personal y general coincide en que así se comporta en este momento la pandemia. 

La diferencia entre olas parece radicar en el contagio de personas que no se habían infectado antes o que ya se encontraban vacunas (incluso con el refuerzo), por lo que confirmar que las vacunas ayudan a reducir dramáticamente los casos graves y los fallecimientos pasa a segundo plano. 

Mirar la realidad a través de lo que les sucede a otros es distinto a cuando a nosotros nos ocurre, por eso actuar con empatía es un ejercicio social que ayuda mucho a comprender que el beneficio común es la mejor ruta para que nos vaya mejor a todos. 

Pero otra decisión que podemos tomar es la de ponderar; de acuerdo con el diccionario es “considerar o examinar un asunto con imparcialidad”. Su objetivo es difícil, puede que imposible, aunque poner en la balanza muchos de los aspectos que tiene la situación que nos ocupa podría ayudarnos a superarla. 

Para quienes se han aislado por contagio, mi recomendación es que ponderen la eficacia de las vacunas, de sus dosis y hasta del refuerzo, para que tengan una gran certeza de que pronto pasará la enfermedad. Tomen en cuenta también lo que los llevó a este estado y si fue algún descuido o la asistencia a una reunión en un lugar poco ventilado. Una forma de medir qué tanto nos preocupa la pandemia es la forma en que seguimos usando el cubrebocas, no agregaré nada más acerca de esto, sólo observemos a nuestro alrededor y nuestro comportamiento a la hora de seguir las medidas sanitarias que conocemos. 

Quienes tienen miedo de contagiarse ponderen la conveniencia de salir a lugares públicos, de cuidarse en el trabajo y de estar al pendiente de sus cercanos. Veo casos en los que la incertidumbre se apodera de enfermos y de sanos por igual. Una posible solución es extremar precauciones a la par de saber, con la información científica que tenemos a la mano, que esta variante afecta severamente a quienes no están inoculados.  

De la misma forma ponderemos la necesidad de ayudarnos en todo lo que sea necesario para que no nos expongamos a situaciones en las que podamos encontrarnos con el virus. Sé de un caso en el que los vecinos de un edificio se reparten las tareas cotidianas y los encargos de víveres, precisamente para no tener contacto y el experimento ha funcionado para que a quienes están en recuperación no les pase nada y nadie más se infecte.  

Pongamos en la balanza cuidarnos, informarnos bien, no esparcir noticias falsas o rumores y colaborar para que, como señalan varios científicos, ésta sea la última ola de la pandemia y podamos transitar a una convivencia con este virus con menos temor.

Temas: