Nunca cruzados de brazos

El equilibrio entre la prevención y la acción en contra de la delincuencia es lo que construye la paz en México. Ya no hay favoritismos, ni tampoco negociaciones con quienes no tienen palabra de honor, porque su fuente de ingresos está basada no sólo en romper la ley, sino también en afectar el tejido social.

El cambio de estrategia para reducir la inseguridad y atender las causas que provocan la comisión de delitos ha sido reducida a una frase que explica claramente su objetivo: Abrazos, no balazos.

Criticada por una aparente bondad hacia quienes son responsables de generar violencia (que piden una mano dura que jamás ha funcionado), el enfoque de construcción de paz en el país ha sido la diferencia para obtener resultados.

Recordemos dónde estábamos en 2018, con niveles de inseguridad a una altura que hacía imposible la convivencia social en muchos municipios y regiones. La propuesta tácita de que se sabía negociar con quienes violan la ley sistemáticamente, había quedado rebasada frente las agresiones diarias en contra de la ciudadanía.

Plantear una salida de paz fue una promesa de gobierno que se va consolidando todos los días, a partir de una coordinación institucional permanente que antes no existía y acciones que completan la frase que se ha hecho parte de la conversación pública y que la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, acuñó: “abrazos, no balazos, pero sin estar cruzados de brazos”.

No permitir la impunidad, detener a los responsables de un delito, presentar casos jurídicos sólidos ante los jueces, cierra el círculo para ganar la paz que merecemos y detener la guerra en la que se metió sólo a la sociedad mexicana, porque nunca se rompieron los vínculos, ni las complicidades con el crimen organizado en sus diferentes niveles públicos.

Detenciones, operativos, inteligencia, se han encadenado a programas de atención social, prevención y desarme voluntario, para que la oferta falsa del crimen pierda atractivo y el apoyo ciudadano a las instituciones de seguridad se fortalezca.

Podemos debatir, por ejemplo, la presencia de la Guardia Nacional en el Metro, pero su recepción por parte de los usuarios ha sido positiva, gracias al desempeño notable de una institución que se ha ganado un sitio de confianza entre la población. Eso es generar seguridad.

El equilibrio entre la prevención y la acción en contra de la delincuencia es lo que construye la paz en México. Ya no hay favoritismos, ni tampoco negociaciones con quienes no tienen palabra de honor, porque su fuente de ingresos está basada no sólo en romper la ley, sino también  en afectar el tejido social.

El poder de corrupción tampoco es una herramienta principal como en el pasado. Igual que un cáncer, se había infiltrado en cada rincón de la estructura de seguridad; su saneamiento ha sido una tarea titánica, pero ha valido la pena para avanzar en lograr la tranquilidad que necesitamos, a pesar de que es un esfuerzo constante que no debe detenerse.

Todo ello sin un enfoque de fuego contra fuego, entendiendo que una sociedad como la nuestra busca la paz y aquellos que exigen castigos ejemplares, lo que realmente anhelan es la represión y la exclusión de los que perciben menos capaces de prosperar. Lo que no mencionan ni aceptan, es que la paz se logra aumentando las oportunidades para que ni siquiera sea contemplado un ofrecimiento ilegal y la prosperidad sea accesible para la mayoría, reduciendo una brecha de desigualdad que nos trajo a este extremo, del que poco a poco salimos, abrazando, pero sin cruzarnos de brazos.

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