Nueva participación civil

La diferencia de opiniones es sana en una democracia, pero no cambia mucho las cosas si no estamos dispuestos a invertir como ciudadanos en involucrarnos y mejorar las cosas

Pasar de la protesta a la propuesta y a la acción, cuando nos corresponde como ciudadanos, debe ser nuestra brújula para los siguientes años. Hemos pasado mucho tiempo discutiendo, diagnosticando, dividiéndonos mientras compartimos las mismas necesidades y nos afectan los mismos problemas.

Entrar a una participación social activa, no sólo de opinión, sino dedicándole parte de nuestro día o involucrándonos directamente en la manera en que se toman las decisiones públicas que influyen en nuestras colonias y alcaldías es una obligación que pronto no podremos posponer.

El debate es bueno, la diferencia de opiniones es sana en una democracia, pero no cambia mucho las cosas si no estamos dispuestos a invertir como ciudadanos en involucrarnos y mejorar las cosas, en coordinación con las instituciones que hoy existen, no las que deseamos, sino las reales, que no pueden solas sin nosotros, aunque nosotros tampoco avanzaremos mucho si no colaboramos con ellas.

Estamos ya en el inicio de una batalla electoral, que ignora muchos de los malos hábitos políticos que nos hartaron hace dos años y que nos tenían colmada la paciencia desde hace más, para conseguir un voto que no puede darse mirando hacia otro lado o por la simpatía o antipatía que nos produce un partido o una administración.

Debemos ayudar, todas y todos, a que esta democracia se concentre en lo importante y eso es tan sencillo como elegir a quienes, por fin, resuelvan los problemas cotidianos y esos que responde a una unión entre ciudadanía y buenas autoridades para reducir la violencia y la criminalidad, por ejemplo.

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Sin embargo, está pendiente construir un sistema de salud preparado para la siguiente crisis sanitaria que venga y sea universal, gratuito y de calidad; servicios educativos que brinden oportunidades de crecimiento social; y un sistema económico abierto a la competencia y a la generación de empleos dignos.

Aunque, si en ese largo camino podemos contar con autoridades electas que en los próximos meses cumplan con sus promesas de tapar los baches, tener buen alumbrado público, arreglar banquetas y espacios comunes, recoger y separar los residuos, y levantar los autos abandonados, habremos iniciado con el pie derecho.

Las grandes transformaciones, no lo olvidemos, empiezan con la organización social eficiente de una comunidad que prende la llama de movimientos civiles que cambian las reglas establecidas y provocan mejoras a una mayoría. Ahí está nuestro reto y nuestra oportunidad para los años que vienen.

¿No nos gusta la realidad en la que vivimos? De acuerdo. ¿Qué estamos haciendo para modificarla? Respondernos con honestidad es clave y trabajar a partir de este ejercicio es la manera de prosperar.

Dudo que alguien, con sus filias y sus fobias, piense que la corrupción, la impunidad, la falta de oportunidades, son las maneras como nos recuperamos de una pandemia. Si nuestros problemas son comunes, también lo pueden ser nuestras soluciones.

Es una cuestión de decidir y participar. Nuestro voto es una parte, pero no es todo lo que podemos hacer por México. Lo sabemos bien. Hagamos lo necesario para que la polarización artificial, que luego se alienta por motivos políticos, no impida que alcancemos los acuerdos mínimos para resurgir.

Insisto mucho en que todas y todos cabemos en este maravilloso país y que podemos ponernos de acuerdo, a pesar de que nos bombardeen con mensajes de que eso es imposible.

Podemos sacar adelante a esta nación, en conjunto, si está en nuestro ánimo hacerlo desde nuestro hogar, desde nuestro vecindario. Suena idealista y no lo es, se trata de fijar nuevas reglas de participación civil, alejadas de las que hemos conocido, y que ahora son urgentes ante esta nueva realidad.

A nadie le conviene vivir en desigualdad o divididos por opiniones construidas en información parcial. Vienen toneladas de mentiras, está en nosotros si queremos creerlas o tomamos la decisión de empezar a cambiar ese juego tan complejo que es la política nacional.

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