Nuestras tareas por el medio ambiente

Acaba otra cumbre para frenar los enormes daños que hemos causado al ambiente en menos de un siglo, y los acuerdos parecen insuficientes a la vista de las consecuencias que ya sufrimos en la mayor parte del planeta. Ese foro es un espacio de definición política y de ...

Acaba otra cumbre para frenar los enormes daños que hemos causado al ambiente en menos de un siglo, y los acuerdos parecen insuficientes a la vista de las consecuencias que ya sufrimos en la mayor parte del planeta.

Ese foro es un espacio de definición política y de acciones de alto nivel, por lo que vale la pena llevar nuestra atención a lo que cada uno de nosotros puede hacer, desde su vida cotidiana, para ayudar a que los efectos del calentamiento global no avancen. Ninguna norma llega demasiado lejos si no cuenta con el apoyo de la mayoría de la sociedad y ésta se ha convencido de sus beneficios para respaldarla cada vez que observa, en los hechos, que se incumple. Es una sanción civil que muchas veces es más eficiente que la penalidad que puede aplicar la autoridad responsable.

Un ejemplo: fumar en espacios públicos cerrados está prohibido, lo sabemos, pero si alguien quisiera desafiar esa disposición a costa de recibir la pena establecida, porque considera que es una ley injusta o que atenta contra su libertad de encender un cigarrillo, es un proceso que no es inmediato. ¿Por qué casi ningún fumador lo hace? Primero, porque sabe que las inconformidades de otras personas serían inmediatas a la gerencia del establecimiento en donde se comete la falta, si no es que se haría el reclamo de manera directa al infractor.

Segundo, el rechazo de todos los presentes sería tal que la incomodidad sacaría del sitio al fumador en cuestión, una escena que muchos hemos visto a lo largo de los años.

Existe un consenso general de que sólo se puede fumar en áreas permitidas y lo han adoptado como norma interna empresas, oficinas públicas, restaurantes, centros de entretenimiento y prácticamente cualquier establecimiento comercial, sin importar su tamaño. Quienes trabajan ahí, van de visita, acuden a divertirse o a comprar, tienen que acatarlo para poder ingresar y recibir la atención; no hace falta tener una autoridad en la puerta para que cumplir sea una realidad.

No pasa lo mismo con el uso del teléfono celular dentro de las sucursales bancarias, aunque las campañas permanentes de las instituciones financieras han tenido su efecto entre los usuarios. Aun así, es sencillo comprobar que lo seguimos usando mientras esperamos a que nos atienda un ejecutivo o en la fila para acudir a una de las ventanillas. Nuestro apoyo social a este comportamiento, fundamental para detener muchos delitos que nos afectan, todavía no ha sido suficiente para que, entre todos, sancionemos a quienes hacen llamadas, mandan mensajes e ingresan con gorra o lentes oscuros para llevar a cabo una operación bancaria.

De regreso a nuestra contribución civil al medio ambiente, comparto algunas acciones: disminuir el consumo de carne roja y lácteos (un porcentaje muy importante de la deforestación, el consumo inmoderado del agua y el efecto invernadero proviene de la crianza de ganado); eliminar en casa plásticos de un solo uso (empaques, envases, envolturas); bolsas de plástico (verificar si son biodegradables, lo que luego parece más una leyenda impresa que una realidad); dividir la basura y reciclar los desechos orgánicos que sirven para composta, plantas y huertos familiares; usar pañales de tela; disminuir la compra de botellas con agua y sustituirlas por termos de acero; tratar de no utilizar globos, recuerdos de plástico, adornos, luces y otros aditamentos que son muy difíciles de aprovechar; envasar el aceite que empleamos para cocinar y disponerlo para que no se tire al drenaje; plantar árboles y plantas en los espacios comunes de nuestros edificios y calles.

Hay muchas más medidas que podemos asumir, éstas son unas cuántas que tendrían un impacto inmediato si las adoptáramos y las convirtiéramos en hábitos domésticos que se extendieran a la comunidad en la que vivimos. Si podemos convencer a la mayoría de nuestros cercanos sobre sus ventajas (algo que gobiernos, organizaciones, activistas, tratan de hacer todo el tiempo), podríamos crear ese cambio de actitud hacia uno de los temas que más deben llevarnos a la acción.

Dónde es que se pierde esa comunicación entre los líderes que están tratando de resolver la crisis climática y la sociedad en general; requiere de un análisis urgente si queremos contar ya con la presión necesaria para que muchas instituciones privadas y públicas se comprometan con metas claras para reducir emisiones, utilizar materiales reusables y fomentar una cultura de consumo que tome en cuenta al planeta.

Creo que ese vínculo se pierde cuando no damos información útil y no mostramos las formas en que puede resolverse un problema desde nuestro propio entorno con voluntad y compromiso. Ya sabemos que nos ocurre, conocemos varias soluciones, ahora sólo hagamos lo que nos corresponde.

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