No es el fin del mundo
Theodore Roosevelt fue un presidente de Estados Unidos lleno de contrastes personales y profesionales. Vivió con asma, y durante poco más de un año no pudo salir de su habitación cuando era niño por diferentes padecimientos de salud. Sin embargo, se le recuerda como ...
Theodore Roosevelt fue un presidente de Estados Unidos lleno de contrastes personales y profesionales. Vivió con asma, y durante poco más de un año no pudo salir de su habitación cuando era niño por diferentes padecimientos de salud. Sin embargo, se le recuerda como uno de los símbolos del estadunidense apasionado por la naturaleza, las armas y el patriotismo que caracteriza a esa nación.
A pesar de haberse formado académicamente en casa, ingresó y se graduó de Harvard, mientras destacaba como boxeador universitario y se especializaba en historia naval, sobre la que escribió varios libros que se hicieron de consulta obligada. Trabajó en ranchos ganaderos, fue el asambleísta más joven de Nueva York y ganó fama como soldado durante la guerra entre España y Estados Unidos, cuando estuvo al mando de un regimiento de élite que formó y le puso el nombre de “los jinetes rudos” que, a la fecha, son la inspiración de los comandos especiales, reales y ficticios, que conocemos por las noticias o las series de entretenimiento.
Fue el primer Roosevelt que propuso un gran acuerdo a la sociedad de EU (el segundo fue Franklin Delano) para reducir la desigualdad y, con ello, romper los poderosos monopolios de la época que impedían la competencia comercial para garantizar mejores precios al consumidor. Es, posiblemente, el primer mandatario ecologista de la historia de EU por el amor que le tenía a los bosques de su nación, que convirtió en reservas naturales. No obstante, también fue el autor de la política exterior conocida como “el gran garrote”, que consistía (¿consiste?) en que su país debía imponerse a todos los que pudiera y estimaba que nuestro continente le pertenecía a EU. Se ganó un premio Nobel de la Paz, al mismo tiempo que desplegó una enorme flota de buques de guerra por todo el mundo.
Su popularidad no evitó que perdiera algunas elecciones y que su carrera política terminara cuando se quedó fuera del Partido Republicano y fundara uno propio, denominado Partido Progresista. Como se esperaba del personaje, murió de malaria durante una expedición en el Amazonas. Por su dureza, sentido social y vida de aventuras, es uno de los presidentes mejor evaluados de la historia de su país.
Durante sus años como mandatario, Roosevelt fue descrito como un presidente colonialista, incluso se le acusó de impulsar un imperio en el que los valores conservadores estadunidenses terminarían por dominar el planeta. A la par, cimentó el poderío económico de EU con base en la inversión pública y la apertura a miles de migrantes que llegaron como mano de obra, bajo la promesa de convertirse en ciudadanos.
Tengo los años suficientes para recordar diferentes etapas de la historia entre México y EU. Hemos sido “vecinos distantes”, como escribió el periodista Alan Ridding, socios comerciales principales y, muy pronto, aliados en una transformación tecnológica y económica que no tiene precedente en una relación compleja, pero en la que bien podría resolverse el futuro del mundo.
Esos componentes no tienen un punto de comparación en este momento en el planeta. Los tres países del T-MEC cuentan con condiciones geográficas, ventajas comerciales, mano de obra especializada y un bono demográfico que, en conjunto, ninguna otra región puede igualar.
Además, las circunstancias no son las mismas de hace 30 años, la relación México-EU no es la misma de hace seis años. No es falso optimismo o autoengaño frente a otras dificultades que, definitivamente, surgirán en los próximos cuatro años, sólo es una realidad global que cambió después de la pandemia y de múltiples modificaciones en el equilibrio de fuerzas financieras y políticas internacionales.
No es el fin del mundo, y podría incluso tratarse del comienzo de una nueva era de prosperidad y de soberanía entre el bloque continental más importante. Habrá que negociar, sin duda, pero éste es el momento óptimo para las tres naciones, si el objetivo es consolidar el crecimiento económico y social. Tendrá que ser a través del diálogo, la información y un respaldo social permanente como nuestro país continuará este cambio de época y podrá aprovechar las ventajas (y los retos) de una vecindad en la que, allá y acá, nos necesitamos más que nunca.
